El Alcázar Viejo se convierte en el escenario del anuncio cofrade
La Parroquia de Nuestra Señora de la Paz, enclavada en el corazón sentimental del barrio cordobés de San Basilio, el Alcázar Viejo, ha acogido la presentación del cartel del Miércoles Santo de la Hermandad de Pasión, una obra llamada a ocupar un lugar destacado en la memoria visual y emocional de la próxima Semana Santa. En este marco de hondas resonancias históricas y devocionales, la artista carmonense Nuria Barrera Bellido ha vuelto a demostrar su capacidad para conmover, ofreciendo una creación que trasciende lo meramente artístico para adentrarse en los territorios más íntimos de la religiosidad popular andaluza, esa que se transmite de generación en generación y permanece inalterable en su esencia identitaria.
Una obra nacida de la devoción y la contemplación
La autora ha definido este trabajo como una experiencia que va más allá del gesto pictórico, subrayando el componente espiritual que impregna toda la obra. “Presentar este cartel supone para mí no solo un gesto artístico, sino también un acto de profunda devoción y entrega en cada pincelada”, afirma Barrera, dejando claro que el cartel “nace de la emoción, del recuerdo y de la contemplación silenciosa de una estampa que cada año conmueve a quienes la esperan desde la fe y el sentimiento”. Esa estampa no es otra que el paso de palio de María Santísima del Amor a su paso por Caballerizas Reales, convertido aquí en epicentro simbólico y emocional de la composición.

Diálogo entre tradición, atmósfera y emoción personal
Lejos de una reproducción literal, la artista ha optado por una mirada respetuosa y sincera hacia el alma de la hermandad, concibiendo la obra como “un diálogo entre la tradición y la emoción personal”. En sus propias palabras, “no se trata solo de una pintura”, pues su objetivo ha sido “plasmar no tanto la realidad física del palio, sino la atmósfera que lo envuelve”. En ese instante suspendido, “la luz de la candelería se ve reforzada por esos dorados de la arquitectura que la enmarca, redundando en su belleza, y los sonidos del barrio se disuelven en el tintineo de las bambalinas sobre los varales”, configurando una escena donde el tiempo parece detenerse.
El palio como símbolo de ternura, consuelo y esperanza
El eje central del cartel es el paso de palio, entendido como símbolo de ternura, de consuelo y de esperanza. Barrera explica que, a través de la composición, busca que “el espectador sienta el recogimiento que brota al contemplar a la Virgen avanzando lentamente por ese arco”. La escena se articula mediante “un primer plano de nazarenos en la penumbra” que conduce la mirada “de lleno al foco de luz del palio”, reforzando el contraste entre sombra y claridad como recurso narrativo y espiritual.
Luz, penumbra y una fe que se hace emoción
Los recursos plásticos se ponen al servicio del sentimiento, con “los matices de color, los reflejos de la plata y el juego entre la penumbra y la luz” trabajados con la intención de “transmitir una sensación viva, casi mística”. En ese proceso, la artista confiesa que “la pintura deja de ser superficie para convertirse en emoción”, proclamando así “una fe compartida que resiste al paso del tiempo” y que encuentra en la Semana Santa cordobesa uno de sus lenguajes más elocuentes.
Una inmersión en la historia y el alma de Pasión
La ejecución del cartel ha supuesto para Nuria Barrera una auténtica inmersión espiritual, tal y como ella misma reconoce: “Pintar este cartel ha sido sumergirme en la historia y en el alma de la hermandad”. La obra se presenta como “una oportunidad para ofrecer una interpretación personal de su identidad, de su manera de entender la Pasión como camino de entrega y de amor”, asumida desde “la sensibilidad del devoto y la responsabilidad del artista consciente de la importancia que este anuncio tiene para Córdoba, ciudad de emociones, de arte y de fe”.
Una invitación a mirar, detenerse y sentir
El cartel del Miércoles Santo de Pasión se cierra como una llamada íntima al espectador, una propuesta que trasciende la contemplación estética para adentrarse en la vivencia personal. “Con esta obra quiero invitar al espectador a detenerse, a mirar y a sentir”, concluye la autora, deseando que “cada uno descubra en ella su propio reflejo, su propio recuerdo de Semana Santa”. De este modo, la creación presentada en San Basilio se erige no solo como anuncio de un día señalado, sino como un espejo emocional donde Córdoba reconoce, una vez más, su manera de creer y de sentir.













