El arte cofrade cordobés transciende fronteras de la mano de dos de sus máximos exponentes

Son innumerables las maravillas que el mundo le debe a Córdoba, más si cabe si es en lo que concierne al arte, y es que si de algo puede presumir la ciudad de San Rafael es de haber dado grandes artistas, una verdad absoluta que también se puede llevar al terreno cofrade.

Estos días, la ciudad de Mataró está pendiente de dos obras que están realizando dos de estos artistas universales que ha dado Córdoba, el pintor Juan Manuel Ayala y el escultor Miguel Ángel González Jurado, que están trabajando para la Semana Santa de esta localidad catalana, concretamente con la hermandad de Jesús Nazareno y Ntra Sra de la Esperanza.

El pintor Juan Manuel Alaya, está actualmente finalizando en el cartel de la Semana Santa de esta ciudad, que este año está centrado en la Titular Mariana de la hermandad. Ayala es uno de los pintores cordobeses que se mantiene en la más absoluta intimidad y austeridad. Su arte ha estado vinculado con anterioridad con las cofradías, como ocurriese con motivo de los trabajos de restauración de índole pictórica realizados sobre las pinturas de Juan Martínez Cerrillo del palio de María Santísima de la Amargura, titular mariana del Rescatado, que, gracias a su intervención, pudieron recuperar todo el esplendor perdido.

Por otra parte, el imaginero Miguel Ángel González Jurado, uno de los referentes en este campo de la ciudad de San Rafael, está trabajando en la restauración de Nuestra Señora de la Esperanza, después de que el año pasado ya restaurase la imagen del titular cristífero de la hermandad catalana. La imagen de la Virgen, fue tallada hace veinte años por el imaginero de Cornellá Martín Richarte.

González Jurado, aunque nacido en Stuttgart (Alemania) vuelve a con su familia a Córdoba a muy temprana edad. Comenzó a cursar sus estudios en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos «Mateo Inurria» de Córdoba, en las asignaturas de Dibujo y Modelado, a los 12 años, compaginando así sus estudios artísticos con los de Bachiller que lleva a cabo, sucesivamente, en los Institutos Séneca, y Levante. Durante sus primeros años, tuvo contacto con Rafael Rivera, hijo del imaginero y restaurador sevillano D. José Rivera, quien le fue inculcando su base como imaginero. Desde 1984 a febrero de 1988, es aceptado en el taller del imaginero sevillano D Luis Alvarez Duarte. De su gubia han nacido algunos de los misterios más significativos de la Semana Santa de Córdoba, como el de la Cena o la Sentencia y maravillas incalculables como la Esperanza del Valle o la Virgen de la Caridad, entre otras bellezas incomparables.

Dos noticias que confluyen para evidenciar, una vez más, que el arte cordobés trasciende las fronteras andaluzas para hallar el reconocimiento que merece.