El Ayuntamiento de Córdoba, que preside José María Bellido Roche, tiene encima de la mesa acometer una auténtico ejercicio de justicia poética con uno de los nombres más ilustres de la Semana Santa de Córdoba, Rafael Muñoz Serrano, capataz de capataces de la ciudad de San Rafael, maestro de muchos de quienes lucen y han lucido el terno negro en sus hermandades y una figura elogiada y respetada por absolutamente todo el universo cofrade de Córdoba. Un reconocimiento en forma de la denominación de una calle o plaza que lleve el nombre de este capataz imprescindible sin cuyo concurso sería imposible comprender la Semana Santa cordobesa contemporánea. Han sido varias las ocasiones en las que se ha reclamado materializar este anhelo, desde diferentes instituciones, incluidos varios artículos publicados a lo largo de los años en este mismo medio, alegatos formulados por Fernando Blancas, Guillermo Rodríguez o Antonio Alcántara. Textos en los que se ha venido solicitando este merecido homenaje de la ciudad a Rafael Muñoz Serrano, quien fuese insigne decano de los capataces de esta, en ocasiones, olvidadiza ciudad.

Sin embargo parece que ahora sí que la cosa va en serio. Tras una reunión promovida por miembros de la redacción de Gente de Paz con Olga Caballero, Presidenta de la Agrupación de Hermandades y Cofradías -a quien se pidió dinamizar este asunto, tal y como ha hecho-, en la que se le trasladó esta propuesta y se le entregó un minucioso dossier, realizado por Antonio Alcántara, «la pelota ya se encuentra en el tejado del Ayuntamiento«, quien ya ha sido debidamente informado.
Cabe subrayar que esta iniciativa, fraguada a fuego lento en los últimos años -esperando el momento oportuno-, ha coincidido en el tiempo con la emprendida por la Tertulia «La Recogía», formada por capataces retirados, todos alumnos de Rafael Muñoz, a la que, gracias a la inestimable intervención de Olga Caballero, se ha facilitado el dossier para que sean ellos quieres abanderen está emotiva y justísima propuesta, toda vez que la única cuestión relevante en todo este asunto es que este proyecto llegue a buen puerto. Una solicitud, que también ha sido puesta en conocimiento del hermano mayor de su Hermandad de la Paz y Esperanza, Julio Mifsut y que deberá seguir, a partir de ahora, su curso burocrático en lo que a tiempos se refiere, pues en forma ya se ha cumplido. Todo ello en el convencimiento de la petición, que ya ha sido trasladada al alcalde de Córdoba, José María Bellido, que ha otorgado su lógico respaldo a la iniciativa, recibirá todo el apoyo institucional que merece Rafael Muñoz Serrano, una figura insustituible para la Semana Santa de Córdoba.
Rafael Muñoz Serrano ha sido capataz de 27 cofradías de la ciudad de Córdoba, que se dice pronto, según él mismo dejó reflejado en una serie de cuartillas de su puño y letra. Una ciudad en la que son muchos los cofrades que han solicitado que le fuese concedida una calle para recuerdo y memoria de quien conformó, en muy buena medida, lo que en la actualidad tenemos, ya que fue el primer capataz que implantó en esta ciudad las cuadrillas de hermanos costaleros, consiguiendo con ello liberar de una carga económica a las hermandades, al sustituir con los hermanos costaleros a los que eran costaleros profesionales.
De sus cuadrillas salieron muchos costaleros formados, que fueron con el paso del tiempo capataces insignes, de los que ya quedan pocos en activo, pero algunos de ellos han dejado una buena muestra de las enseñanzas de Rafael Muñoz Serano, por lo que podemos manifestar que una parte fundamental del sello de la actual Semana Santa de Córdoba bebe de la sabiduría atesorada por este singular cofrade. La concesión de una calle al capataz de capataces Rafael Muñoz Serrano, ha de saldar una deuda histórica con este hombre de inquebrantable fe, de señalado cordobesismo, que se convirtió en un referente único e ineludible a la hora de conformar la memoria colectiva de la Semana Santa de la ciudad de los Califas.

Rafael Serrano nació en el año 1931. Estudiante de bachiller en el Colegio Cervantes, abandonó los estudios para trabajar en la empresa de Antonio Caballo, donde alcanzó cargo de dirección. Paso a trabajar con Manuel Quirós formando parte de administración. Casado con Rafaela Cruz de Luque, tuvo tres hijos Purificación, Rafael y Luis Gabriel. En los primeros días de la llegada de Nuestra Señora de la Paz a Capuchinos, en 1940, se integró en la incipiente Hermandad con un grupo de amigos, recordando siempre cómo Fray Silvestre los vestía a todos de sanjuanistas y procesionaban con unas pequeñas velas.
Pasó por ser nazareno de cirio de la Cofradía de la Paz, y cerca de los años cincuenta, llegó a ser celador, alcanzando a ser miembro de la Junta de Gobierno de la corporación del Miércoles Santo. Siendo capataz del paso de palio de la Paloma de Capuchinos José Gálvez Galocha, le pidió que lo incluyese en su equipo como contraguía. Es ahí donde empieza su andadura como capataz. Toda una vida dedicada a este oficio en la que ha mandado pasos como los del Esparraguero, del Santísimo Corazón de María y de Coronación de Espinas, alcanzando la responsabilidad de ser el que organiza, prepara y convoca la cuadrilla de la Paz, con la autorización de José Gálvez, quien, al retirarse, le cedió su puesto.
Fue capataz de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, del Señor de las Penas, del Cristo de la Expiración, todo esto en la década de los sesenta. Durante la década de los setenta se convierte en capataz de la Esperanza, Ánimas, Paz, Reina de los Mártires, Santo Entierro, Resucitado, y el Amor y la Santa Cena, estas dos últimas en la localidad de Puente Genil, colaborando en otras poblaciones, como en El Carpio, Montilla o La Rambla, en la preparación de sus cuadrillas costaleras. En el año 1974, junto a quien era hermano mayor de la Expiración, Rafael Zafra, pone en marcha la primera cuadrilla de hermanos costaleros de Córdoba, que saldría la primera vez en el año 1975, con la colaboración de su amigo Ignacio Torronteras.
Rafael Muñoz fue un estudioso de la manera de mandar en la vecina ciudad de Sevilla, siendo «culpable» de sembrar la semilla de este estilo en el mundo del martillo de Córdoba, dando frutos como Lorenzo de Juan, Javier Romero, Juan Berrocal, Antonio Ruf, Fernando Morillo, José Peña, Manuel Murillo, Rafael Muñoz Cruz -su hijo- y otros muchos. Fue un cofrade activo que formó parte de la Junta de Gobierno de la Paz, asesorando a hermandades como el Calvario o el Resucitado, en el boceto y las medidas del paso del Señor y del palio de la Alegría, respectivamente.

Por su indiscutible personalidad y su permanente carisma delante de los pasos, Rafael Muñoz se convirtió en una figura esencial para revitalizar y materializar la metamorfosis que experimentó la Semana Santa de Córdoba en aquellas décadas, dando entrada a una renovada juventud, que ha llegado a forjar el actual esplendor que disfrutamos hoy en día. Más allá del título de Cofrade Ejemplar, recibido en el año 1996, y el nombramiento como Hermano de Honor de su Hermandad de la Paz y Esperanza, en 1998, sería interminable glosar la relación de escudos de oro, insignias, llamadores, medallas, placas y tantas y tantas distinciones otorgadas a Rafael Muñoz Serrano por muchas hermandades de la ciudad y de pueblos de la provincia, lo que evidencia la dimensión de este capataz irreemplazable.
Con la concesión de una calle a Rafael Muñoz Serrano la ciudad hará justicia con este cordobés imprescindible, con un innovador avezado y con un capataz fundamental para la historia de Córdoba, quien moldeó un estilo inconfundible y creó de la nada a tantas y tantas cuadrillas. Un hombre, un cofrade y un capataz que regaló miles de extraordinarios momentos de auténtico disfrute, por obra y gracia de su arte al llamar, con su clásica expresión “niño mío”. Porque todos hemos sido niños de Rafael Muñoz Serrano y todos le hemos sentido como padre nuestro, este merecido agradecimiento, que por fin está cerca de convertirse en realidad, es un reconocimiento que los cofrades de Córdoba le debíamos. Como decíamos al principio: un ejercicio de justicia poética con Rafael Muñoz Serrano, capataz de capataces, cuya materialización ya se encuentra en el tejado del Ayuntamiento a falta, únicamente, de que Córdoba demuestre estar a la altura.













