El Baratillo volvió a cumplir una hermosa tradición

En esta realidad cotidiana que nos ha tocado vivir, en la que son muchos, y desde muy diversos ámbitos, los que atacan o consienten que se ataquen sin coto las tradiciones más profundamente arraigadas en la misma esencia de Andalucía, se antoja un auténtico oasis encontrar quienes defienden sin complejos la herencia atesorada recibida y, de alguna manera, colaborar a su conservación y transmisión a través de distintas generaciones. Es el caso de la hermandad del Baratillo, que ha vuelto a cumplir con una tradición que goza de más de dos décadas de existencia y que este miércoles, volvió a vivir un nuevo episodio.

Ocurrió en su capilla, un año más, en la que se dieron cita cuantos participan en la denominada Fiesta Nacional: matadores, subalternos, Real Maestranza de Caballerías de Sevilla, Empresa Pagés, ganaderos, medios de comunicación, peñas taurinas y aficionados. Una tradición que la corporación sevillana conserva desde 1995, año desde el cual, ininterrumpidamente, celebra Misa de Acción de Gracias tras la finalización de la temporada taurina en la capital hispalense. Este año la celebración eucarística fue oficiada por D. Andrés Ybarra Satrústegui, director espiritual de la corporación y contó, como cada año, con una nutrida presencia de hermanos y miembros del mundo de los toros.

Sobradamente conocida es la vinculación latente de la hermandad de El Baratillo con el mundo de la tauromaquia, siendo considerada por muchos como la, la cofradía “torera” por excelencia. Una condición derivada, qué duda cabe de la proximidad de su Capilla con el coso de la Real Maestranza de Caballería, lo que ha propiciado que se haya convertido en una hermosa costumbre que sean muchos los toreros los que antes de la lidia se encomienden a la Virgen de la Caridad, que en 1939 fue nombrada Patrona de la Vejez del Torero.

Fruto de esta evidente vinculación, más allá de los numerosos diestros que manifiestan su devoción por los titulares de la hermandad y son hermanos de la corporación, se muestra en múltiples detalles con un elevado contenido simbólico. Así, la cofradía estrenó en 2002 un llamador sumamente singular, que protagonizan dos ángeles, uno de ellos portando una montera, que sujetan un capote de paseo con la insignia de la hermandad grabada en el centro el escudo de la hermandad. La pieza, realizado utilizando siete kilos de plata, fue ejecutado en los talleres de Marmolejo y donado por un hermano. Una pieza que materializa esa simbiosis que forma parte de la tradición de la corporación del Arenal.

Además la hermandad y la Real Maestranza de Caballería se encuentran hermanadas sentimentalmente desde siempre, y oficialmente desde 1992, lo que se evidencia cada Miércoles Santo con un guion del cortejo nazareno que corresponde a los maestrantes del coso hispalense. Curiosamente y de manera extremadamente simbólica, son los nazarenos del Baratillo los que cada año estrenan el albero de la plaza, perfectamente dispuesta para el Domingo de Resurrección, ya que el recinto es empleado para formar el cortejo antes de salir a la calle la procesión y es la capilla de los toreros el lugar en el que se celebra la misa previa a la estación de penitencia. Una vinculación que se pierde en la memoria de los tiempos y forma parte del imaginario colectivo de Sevilla y sus sevillanos y que hermandad y Maestranza se encargan de cuidar, alimentar y potenciar.