El Respiradero, 💙 Opinión

El besamanos de la memoria

En Sevilla a lo largo del año hay días donde el tiempo se para. El rojo sombreado en el calendario de la memoria tiene un hueco en el barrio de San Bernardo durante el mes de enero. Para muchos sevillanos y sobre todo para «aquellos que se fueron» del lugar donde su alma siempre ha estado.

Quien pasó por el barrio durante el fin de semana pasada se encontraría caras conocidas. Flashes de una tarde de primavera que no cambia porque aunque pasen los años todo sigue en orden. Familias reunidas en el portal de lo que fue un antiguo patio de vecinos. Amigos que no quedan porque saben que a los dos en punto siempre habrá alguien esperando en la barra de la calle ancha. Esquinas que han visto la vida de jóvenes que crecieron cada Miércoles Santo viendo al Cristo de la Salud.

Pasan los Miércoles Santo. Y en cada sitio están las mismas caras. Algo parecido ocurre en el besamanos de la Virgen del Refugio. El reencuentro con personas que aunque no las conozcas esperas que estén allí. Como ellas esperan que tú también lo estés. Presto al lugar donde siempre vuelves movido por Ella.

Durante el besamanos pasa la historia del barrio de San Bernardo de los últimos ochenta años. Abuelos que aunque tuvieron que abandonar sus calles de nacimiento nunca abandonaron la Hermandad y la Parroquia que los vio nacer. Ellos vienen ahora acompañado de sus hijos que recibieron el mejor legado que sus padres pudieron dejarle. Porque no somos tan sólo del lugar donde vivimos, también del lugar que vive en nosotros.

El beso a la Virgen del Refugio es un acto de gratitud, peticiones y promesas. Es un beso correspondido porque el corazón se llena de Gloria al besarla. Y la sinrazón acude al momento en el que el empieza a detenerse el tiempo. Justo cuando las miradas se cruzan y las dimensiones se rompen porque no puede caber tanta historias en tan poco espacio.

Tarde de confidencias. Primavera prematura en torno a unos niños que se acercan con ramos de flores. Es el peso de la sangre. De lo que mantiene viva la Semana Santa. Es una niña llena de vida que le devuelve un pañuelo a la Virgen. San Bernardo es un sentimiento que se desborda en enero cuando el primer azahar nace en el rostro sonrojado de la «Niña» más querida del barrio que señala con puntería artillera los sueños que en unos meses alcanzaremos.

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