El Calvario dispone un altar excepcional para celebrar el tricentenario del Señor

La Hermandad del Calvario se encuentra inmersa en la conmemoración del 300 aniversario del gran acontecimiento que supuso para la Hermandad la llegada de la venerada Imagen del Señor del Calvario en 1724, bendecida el Viernes Santo 9 de abril de dicho año. Desde las primitivas Constituciones de la Hermandad en 1722 ya quedó por escrito en su 2ª regla: «hará esta Cofradía una Imagen de Jesús Nazareno muy devota…» para mover a sus hermanos a devoción.

Y efectivamente la misma Imagen de Jesús del Calvario lleva desde hace 300 años llevando a devoción, no solo a los hermanos de la Cofradía, a todo el singular barrio del San Lorenzo y a todo el que se detiene ante Él y contempla su Imagen. Por ello, la hermandad ha querido, en este año tan señalado, reflejar en su altar de cultos el momento histórico de la llegada del Señor. Igual que cuando se deja testimonio escrito o lapidario de una obra, se testifica con los mandatarios de la época, religiosos o civiles, los responsables del encargo y el autor de la obra, así está plasmado el altar de cultos.

En el altar en lo más alto se representa a Dios Padre, Ser Supremo, figura atemporal, que está por encima de todas las cosas, tiempo y lugar. Está representado con una de las formas primitivas de hacerlo, el ojo de Dios. El ojo es símbolo de la omnipresencia de Dios, el ojo que todo lo ve y se considera el órgano privilegiado que simboliza la luz, la sabiduría y el conocimiento divino, y tiene el poder de ver y entender cosas que el ojo fisico desconoce. La Imagen del Señor del Calvario, imagen principal en este acto de culto culmen de la Hermandad, donde se realiza el ejercicio del Quinario, celebración eucarística con lectura de la palabra, panegírico y comunión de hermanos.

Sobre cornucopias, el escudo de la máxima autoridad eclesiástica en el momento, el Papa Inocencio XIII, Michelangelo Conti. Pertenecía a la familia aristocrática de los Conti di Segni que desde el siglo XII había dado varios papas y cardenales. En una bula de marzo de 1723, reguló numerosos abusos en España y fue asistido en la ejecución de esta bula por el rey Felipe V de España. Aunque murió el 7 de marzo de 1724, el siguiente Papa no fue elegido hasta el cónclave del 29 de mayo del mismo año. Al otro lado el escudo de la máxima autoridad civil de España, el Rey Luis I, que tuvo un reinado de tan solo doscientos veintinueve días, el más efímero de la historia de España, desde que abdicó en él su padre hasta su fallecimiento. Era el hijo mayor de Felipe V y María Luisa de Saboya. Al morir, su padre vuelve al reinar.

Más abajo a la izquierda, en otra cornucopia, el escudo del pastor de la Diócesis en esa época, el Obispo D. Marcelino Siuri, uno de los obispos más prolíficos en la actuación y restauración de los edificios religiosos de Córdoba. Obispo que además de aprobar las Constituciones y Reglas de nuestra Cofradía en 1722, bendice al Señor del Calvario en su Palacio Episcopal y concedió cuarenta días de indulgencias al que rezase un credo ante su Imagen por el feliz estado de la Santa Madre Iglesia. A la derecha, el escudo de Córdoba, lugar dónde aconteció el hecho. En esa época no existía la figura del alcalde y la ciudad estaba bajo el mandato del Cabildo Municipal, formado por los Caballeros Veinticuatros, los cuales, junto al Corregidor y los Jurados, constituían el regimiento de la ciudad.

Y debajo del Señor, como firma de la obra, el escudo de los Trinitarios Descalzos, como representación del hermano lego Fray Juan de la Concepción, autor de la magnífica Imagen de Nuestro Señor, artista que ha pasado muy desapercibido dado su condición de religioso al hacer renuncia de sus bienes. Además, evocando reminiscencias antiguas, acompañan al Señor los evangelistas y faroles del antiguo paso del Señor del Calvario, que actualmente procesionan en Montoro en la Cofradía de la Flagelación, que gentilmente han cedido para esta efeméride. Éstos son obra del artista cordobés D. Antonio Rubio Moreno.