Ya iban dando pasos antes de que la mayoría los conociera a través de la televisión. En YouTube, en Instagram o a través de otras redes sociales. Llegaron a la televisión y se erigieron como portavoces de una verdad absoluta. Y cuando se afanan en destacar, en lanzar tan categóricamente sus afirmaciones, es cuando les sucede como a los perros cuando se adentran en la maleza, que les acaban saliendo pulgas. Fíjense en la salida extraordinaria de la Virgen de la Estrella.
Inicia en 101 con Curro Bono -el mismo al que le faltó tiempo para decir que había terminado la carrera de Periodismo, pero que llevaba años frente a las cámaras sin tener el título- con toda una enorme lista de ocasiones en las que las imágenes han recorrido las calles en medio de la desgracia. Y recuerda las procesiones para pedir por el cese de la epidemia de peste. La cuestión es que toda esta polémica sobre procesiones sí o no cuando España está de luto oficial le valió al presentador más de una hora de relleno para su programa hasta que la Estrella asomó por la puerta de San Miguel. Él, que volvía a reafirmarse en las salidas extraordinarias no cayó en la cuenta de que en aquellos años de epidemia ninguna de las representaciones de Cristo o la Virgen salió con la finalidad de conmemorar ningún aniversario. ¿Y si los muertos hubieran sucedido muy cerca de casa?
No se olviden ustedes del historiador con apellido ruso -tan falso como quien compra un título de aspirante al trono de Georgia, por ejemplo- que nos recuerda por activa y por pasiva el daño que hizo Lutero, cuando él es hijo de las directrices emanadas por este, ya que gracias a las proclamas de Lutero la Iglesia optó por responder con la Contrarreforma, donde se ensalzó el marianismo que llevamos a gala y la trascendental presencia de la eucaristía en nuestras vidas que en otras regiones desterraron. Él, que afirma que la Macarena es el icono de dolorosa hispana por excelencia -cuestión que no niego- es incapaz de reconocer públicamente cómo está la Niña de San Gil ataviada en el mes de noviembre porque seguramente es preso de sus amistades. Escasa valentía o falta de criterio. El mismo que defiende que en la salida extraordinaria se hicieron las cosas como las hace Sevilla ¿acaso te parece de recibo que la rosa de oro se entregue en el interior de la basílica? ¿Así es como se hacen las cosas en mi ciudad? Días más tarde afirmaba que todo lo que aconteció sobre la procesión de la Estrella fue maravilloso. ¿Qué ibas a decir tú, que han contado contigo para el programa de los actos? Todavía resuenan en mi memoria aquellas palabras de que se ataca a las procesiones y no a las fiestas de Halloween por no haberse suspendido. Olé tú, equiparando una procesión con una fiesta pagana. Chupito para este hombre.
No hay dos sin tres, como Juan Manuel Labrador, que se pirra por un foco. Otro amigo de las afirmaciones categóricas, defendiendo que está convencido de que las personas que asistieron a la procesión estaban rezando por las víctimas de Valencia. ¿Lo estaban también aquellos que cangrejeando sacaban los móviles para ver aplicaciones como Grindr? ¿Y los que se plantaban enfrente para criticar que presentaba algún que otro descuido en su vestimenta? ¿Y los que se colocaron delante del palio como si formaran parte de una presidencia de postín y se volvían solo para mirar el sublime rostro de la dolorosa cada vez que hubo una levantá?
Menos mal que entre tanto jolgorio emergen voces que aportan algo de cordura. Bravo por Alberto García Reyes, quien no necesita presentación, y que se atrevió a decir lo que verdaderamente piensa, sin dejarse llevar por amigos, influencias u otras vías de contacto con el mundo de las hermandades. No era el momento de una procesión extraordinaria. Y así lo manifestó. Le cayeron más que críticas, pero ahí está, sin faltar el respeto y sin necesidad de echar mano de retóricas ridículas, una opinión contra viento y marea que dio voz a los que piensan distinto y no pueden expresarse porque en el mundo de las cofradías hay una marabunta que te arrolla si difieres de sus ideales.





