Cada mes cierra un convento en España. Son los datos que se desprendían ya en 2017 tras un estudio que ponía de manifiesto la grave crisis por la que atraviesan las clausuras y que parece decidida a no tener fin. En 2025 algunos ejemplos se encuentran en Jaca, con la marcha de las benedictinas, o en Pedralbes, donde las clarisas llevaban presentes desde hace casi setecientos años. También en Cataluña las capuchinas abandonaban Manresa tras cuatro centurias. Y en Valladolid lo hacían las Descalzas Reales hace tan solo una semana.
El caso más reciente lo tenemos cerca de casa. El monasterio de las Salesas de Córdoba echará el cierre. Rafael de la Hoz fue el artífice de un cenobio que permanece casi escondido entre la vegetación, levantado en 1962 y al cual se accede desde la avenida San José de Calasanz. Entre otros, trabajaron Luis Aguilera y Rafael Orti, autores del bajorrelieve de acceso a la iglesia o Miguel del Moral, quien ejecutó las vidrieras.
El edificio, incluido en el Plan Nacional de Conservación del patrimonio cultural del siglo XX, acoge en su interior tallas de gran valía artística que pronto dejarán de recibir las visitas de las hermanas. El silencio se hará más presente que nunca en la iglesia y el claustro, pero también en el resto de dependencias, como la sala de estar, la cocina, el comedor, la portería, la biblioteca o los alrededor de cuarenta dormitorios.
Decir adiós a un convento es ver cómo se marcha la vida contemplativa tan necesaria en estos tiempos. Su patrimonio cultural debe ser preservado, pero en ocasiones la desidia se hace dueña de obras de gran valía, como tristemente sucede con la mayoría de ellos. Cerrados a cal y canto las imágenes se cubren de una espesa capa de polvo y madera queda expuesta al ataque de los xilófagos. Las esculturas estofadas ven perder sus capas mientras se desprenden páginas de la memoria.
Aquellos que en su día fueron centros de educación, donde primaban las oraciones, la austeridad y el trabajo, auténticos eslabones entre la sociedad y el mundo celestial, sufren irremediablemente la caída de las vocaciones y se exponen a ser hijos del olvido. Con el cierre del cenobio de la Visitación de Nuestra Señora, Córdoba cierra un triste capítulo en su reciente historia.





