El capirote | El éxito de una exposición

Calle Sierpes, Círculo Mercantil. Jueves, 30 de enero. La exposición de la Vera Cruz abre a las 11 de la mañana. Minutos antes de que el reloj llegue al mediodía ya habían pasado por allí alrededor de doscientas personas. Nadie puede dudar del éxito de la muestra.

Inaugura la hermandad de la Vera Cruz un nuevo tiempo en la ciudad que nos llevará hasta Cuaresma. Círculo de Pasión desembarca con una de las corporaciones más antiguas de la ciudad, con un vasto patrimonio, a pesar de atravesar capítulos convulsos que provocaron la desaparición de cofradías de antaño.

Desde 2007 hasta nuestros días ha habido más de ciento cincuenta exposiciones de temática cofradiera en la sede que la institución tiene en el centro de la ciudad. Algunas han sido antológicas, otras tan solo correctas, pero no por ello menos interesantes. La de la Vera Cruz ofrece al visitante un recorrido por la identidad de la corporación del Lunes Santo. Y lo hace con tal acierto que no hay más que ver cómo Sevilla y los amantes de las cofradías han respondido.

Comisariada por Benjamín Domínguez, el discurso narrativo es de los más sobresalientes de los últimos años. Cuatro espacios que arrancan con la cruz de guía y que finalizan con el palio de la dolorosa de las Tristezas. Cuatro núcleos, cada uno con una naturaleza lo suficientemente marcada como para ser admirados por sí mismos, pero que mantienen una unidad con los restantes, algo complicado a la hora de llevar a cabo una muestra sobre una hermandad con tanta riqueza a sus espaldas.

Es destacable la selección de su amplísimo archivo que, a pesar de invasiones y otros capítulos que alteraron visiblemente la historia de la Vera Cruz, continúa atesorando una riqueza que poco puede igualarse. Desde la licencia del primer cuarto del siglo XVII que permitía que las mujeres podían acceder a la capilla hasta el libro de hermanos donde figura el insigne escultor Juan de Mesa. En una exposición así no podía faltar el libro de reglas de 1634, toda una joya que por sí misma sirve para conocer las ilustraciones que imperaban en la Sevilla barroca. Interesante es también el documento que recoge el pago a Murillo por el cuadro de la Inmaculada Concepción que todavía está en el palacio arzobispal. Todavía y durante mucho tiempo, que ya podrían devolverlo a sus legítimos dueños. Mucha campaña para que regresen los murillos expoliados, pero poca atención se presta a un óleo sobre lienzo que no fue realizado precisamente para encontrarse donde está. Pero váyale usted a toser a la mitra…

Hasta el 16 de febrero continúa abierta al público. Una exposición a la altura de la hermandad, por lo que no cabe aquí más que el reconocimiento de un trabajo bien hecho. No se la pierdan.