El capirote | El fichaje del año

Cuando la actual junta de gobierno de la Macarena llegó a alzarse con la victoria, pronto comenzaron a correr por los mentideros cofradieros los nombres que podrían tomar el relevo de José Manuel Lozano, que se despedía tras doce años siendo el vestidor de la dolorosa por excelencia. De Miguel Carrasco, quien se convirtió en vestidor de la Virgen del Rosario, hasta Antonio Bejarano, Joaquín Gómez, Leandro González o José Carlos Gutiérrez.

Finalmente fue el jerezano quien se ha colocado al frente. A uno de los mejores vestidores de Andalucía no se lo ha puesto fácil esa Sevilla rancia que piensa que lo mejor está dentro del término municipal. Una turba de analfabetos que, de haber sido por ellos, habría cerrado las puertas a Martínez Montañés, Mesa, Astorga o Santos. Nunca habríamos podido disfrutar de los sones de Pasión de Linares tras el Cautivo de Santa Genoveva o de Rosario de Cádiz tras el paso de misterio de Las Aguas. De la fastuosa urna del rey San Fernando, obra del jerezano Laureano de Pina, o de una Macarena que ha vuelto a ser la moza de San Gil gracias al gaditano Pedro Manzano.

El odio a lo que llega de fuera no casa con lo que ha sido la ciudad de Sevilla. Ahí están nombres como Mercadante de Bretaña, Roque Balduque, Pedro de Campaña… Y un sinfín a los que hay que añadir las sagas de los Ocampo o los Ribas. Si nos centramos en la música procesional, Gámez Laserna o Pedro Morales suben el listón de la música procesional sevillana más de lo que podemos imaginar.

De José Carlos Gutiérrez conocemos las dolorosas que atavía en Jerez de la Frontera, entre las que se encuentra Madre de Dios de la Misericordia, de la corporación del Transporte, Nuestra Señora de la Esperanza Coronada, de la Yedra, Nuestra Señora de la Piedad, María Santísima del Desconsuelo, de los Judíos, María Santísima de los Dolores, de las Tres Caídas o María Santísima del Perpetuo Socorro, entre otras.

Madre de Dios de la Misericordia. Foto: Hermandad

La respuesta a todos aquellos no pudo ser más aplaudida por quienes consideramos que la excelencia tiene que primar en Sevilla, independientemente de donde provenga quienes elevan el ya de por sí alto nivel. Durante el besamanos pudimos asegurar que una nueva etapa se ha iniciado con la llegada de José Carlos. El atavío juanmanuelino, que no veíamos desde hace décadas nos regalaba líneas asimétricas en el tocado y una disposición en el manto que nos recordaba a las estampas en blanco y negro que veíamos en las casas de nuestras abuelas.  No quedaba ahí la excelencia. Tras el besamanos, cuando la dolorosa volvió a ocupar su camarín, el guiño a Garduño, adaptando los ropajes a la imagen y no al contrario, como habíamos observado los últimos años.

La Macarena comienza un proceso de renovación durante una nueva etapa donde podemos afirmar que el recién nombrado vestidor nos sorprenderá en cada cambio, como ha hecho hasta ahora. Si hemos aplaudido tales atavíos en tan solo un mes, imaginen lo que será volverla a ver sobre su paso de palio preparada para una nueva Madrugada, que llegará en menos de cien días.