La especialización de los hermanos es cada vez mayor. Ahora, las juntas de gobierno -salvo excepciones- están conformadas por miembros que tienen tras de sí una importante trayectoria que viene a enriquecer, por ejemplo, el patrimonio de la cofradía a la que pertenecen. Acuden a anticuarios y casas de subastas en buscas de piezas de mayor calidad que incrementen, entre otros, el ajuar o las imágenes que poseen.
Ahí están, hace años, aquellos que adquirieron el San Juan de la hermandad de los Javieres, una destacable escultura atribuible a Montes de Oca y que en un principio pudo ser un San José que acabaron convirtiendo en el discípulo amado que acompaña a la Virgen de Gracia y Amparo cada Martes Santo.
Internet también ha contribuido a que obras que se creían perdidas acaben viendo la luz, como la antigua túnica del Nazareno de Morón que hoy es propiedad de la Esperanza de Triana. Las nuevas generaciones tienen acceso a mayor información, hecho que acaba notándose en multitud de casos.

Actualmente, Pasión se encuentra en conversaciones con el anticuario Astarloa, conocido sobre todo por la compraventa de libros y objetos de arte. Custodia dos documentos sobre pergamino. En total, nueve páginas donde se recogen las reglas de la archicofradía del Santísimo Sacramento, María Santísima de Rosario y Ánimas Benditas del Purgatorio, de la iglesia parroquial de San Miguel. Pasión coincidió con esta cuando llegó al desaparecido templo. La corporación, cuyas reglas son de 1796, acabó fusionándose con la del Jueves Santo, aunque la titular mariana pasó a San Antonio Abad tras el derribo de la parroquia en 1868.
Del libro de reglas destaca su encuadernación, sobre terciopelo granate, con decoración, ángulos y cierres elaborados en plata. El manuscrito se ilumina con dos miniaturas a color de una custodia de oro rodeada de querubines y la Inmaculada Concepción, con túnica blanca, manto azul y con doce estrellas por corona.

Así sucede en otros casos. Templum Fine Art contiene en su catálogo de postventa una cabeza el Bautista de la escuela granadina, que podría haber formado parte de alguna de las cofradías de la ciudad del Darro.
Es tan dilatada y a la par tan azarosa la historia de las corporaciones que en ocasiones el futuro nos depara sorpresas como estas. Obras que no debieron de abandonar el lugar para el que fueron realizadas, pero que por motivo de los avatares históricos acabaron desapareciendo.






