El capirote | La categoría recuperada

Cuando en el convento de Capuchinos se contactó con Fernando Aguado para que realizara la restauración sobre el Cristo crucificado, pocos imaginaban que se descubriera una talla de incalculable valor. Entre otras cuestiones, porque se encontraba con repintes y varias capas de policromía. Y su estado era, sin paliativos, lamentable.

«Era un Cristo totalmente ennegrecido» me comentaban esta mañana cuando me acerqué en cuanto abrieron las puertas. Anoche, el restaurador e imaginero ya ofreció interesantes datos sobre el crucificado, pero hoy, a la luz del día, es cuando se han revelado los detalles ocultos de una talla de gran valía. Lo que hizo Aguado fue anunciarnos lo que veríamos cuando el sol entrara por entre la pequeña capilla del atrio, donde antaño existió una Divina Pastora, distinta a la de la actualidad —llegaron a existir incluso tres—. Al crucificado se le han colocado los dedos que faltaban, las diversas capas de policromía que habían contribuido a su oscurecimiento, y eliminados algunos regueros de sangre, que no eran más que brochazos dados por alguien sin conocimiento mínimo de pintura.

El Manierismo en Sevilla es una importante laguna dentro de la historia de la escultura en la ciudad. Existen varios ejemplos, por lo que la recuperación de tal imagen es un interesante capítulo que viene a aportar información acerca de cómo este movimiento se desarrolló en la capital, encontrando un espacio mayor gracias a la recuperación del Cristo por parte de Fernando Aguado. Es el caso de las esculturas de Montañés para el convento de Santa Clara, que no puede visitarse excepto cuando tienen lugar las misas, por lo que en domingo hay que madrugar si uno quiere contemplar la iglesia. Pero lo de los horarios en esta bendita ciudad es cuestión aparte. Pronto el jiennense viró hacia el Naturalismo, y el Manierismo quedó reducido a algunas imágenes que sobreviven en nuestros días, como el imponente crucificado del Museo.

Antonio Valiente ya anda buscando en el archivo para encontrar quién pudo ser su autor —que, por cierto, es accesible para el gran público contactando previamente con la comunidad— Por ahora, tan solo se conoce que fue una donación, no sabiendo en qué lugar exacto de la capilla fue colocado.

Y, como apunte para terminar, solo recomiendo que visiten la imagen, ya sea durante este fin de semana o cuando sea colocada en Cuaresma en el presbiterio del altar mayor, junto a la dolorosa astorgueña. Después de Semana Santa pasará a estar en la capilla sacramental. Acérquense y contemplen al crucificado que Aguado ha devuelto a la vida. Comprueben la unción sagrada que posee. Toda una obra del arte sacro.