El capirote | La procesión magna que pasó de sueño a pesadilla

La procesión magna de Córdoba se apuntaba desde antes de comenzar el tanto de convertirse en uno de los grandes hitos de las magnas en Andalucía. La calidad de las imágenes, la presencia de numeroso público, la cantidad de pasos… La realidad, después de una semana es bien distinta.

No era nada fácil, más bien complejo poder llevar a cabo una procesión de tales características en un marco como lo es el casco histórico de Córdoba, una auténtica ratonera. El tablero, tortuoso, era ya un indicio de que el paso de las corporaciones participantes tenía que ser cogido con pinzas para que no acabara sucediendo lo que por desgracia presenciamos.

Hay quien manifestó desde dentro que la idea más eficaz hubiera sido la realización de un vía crucis con imágenes participantes que no excediera de las catorce estaciones. Pero frente a este bloque surgió el que se decantaba por que la conmemoración del primer vía crucis de Occidente fuera a lo grande. Este último venció y se procedió a una retahíla de imágenes que acabaron conformando una procesión que arrojó varias conclusiones. La más comentada por el público: que Córdoba no está preparada para acoger grandes eventos.

Las Angustias. Foto: Andrés González

Cuando Las Angustias llegaba a la calle Alfonso XIII tuvo que esperar el paso del Atado a la Columna de Lucena. Era temprano para que ya se escuchara entre el público que los retrasos se estaban acumulando en el centro. Ver acceder a la catedral al crucificado de las Penas de Santiago y después al Caído de Aguilar de la Frontera era, cuanto menos, otra prueba más de una organización fallida. Los ejemplos no quedan ahí.

Pero no solo el desorden de pasos fue determinante. El corte de la calle Santa Teresa de Jornet, que exigía dar una vuelta bastante grande para poder pasar de un lado a otro, o el de otras céntricas que eran vitales para un mayor flujo de personal, sumado a las ya de por sí estrechas calles, volvió loco a más de uno.

Por suerte, la lluvia no hizo acto de presencia, porque tan solo un par de gotas hubieran disparado el ya de por sí incomprensible orden cuando comenzaron a colarse pasos que no aguardaron su lugar. Ahora la pelota se lanza de un tejado a otro. Ayuntamiento, Agrupación de Cofradías y demás entes enfrascándose en debates absurdos porque, por encima de todo, lo que se manifiesta es la ineptitud de la ciudad para ser sede de magnas de estas características. Lejos queda la organizada con las patronas de la provincia o la del lejano 14 de septiembre de 2013, que contó con la presencia de 18 pasos.

¿Qué ha sucedido para que ahora la organización de tal procesión magna sea manifiestamente mejorable? A día de hoy, nadie entona el mea culpa. Auspiciados por la prensa benevolente y órganos afines, se arroja una realidad que quienes asistimos sabemos que no es así. Una semana después, podemos afirmar que salieron ganando las hermandades que dijeron no a una cita que será histórica por motivos muy distintos.