Los últimos años nos han traído una proliferación de cadenas locales que han contribuido a que la Semana Santa esté más presente que nunca en el espectro digital. Desde la antigua Tele Sevilla o la desaparecida Onda Giralda, que acabaron marchándose por la puerta de atrás debido a una crisis económica y a problemas de gestión administrativa, no habíamos asistido a tanta información cofradiera, pero, ¿es cantidad sinónimo de calidad?
En el otro gran medio de comunicación, Internet, se repiten los mismos patrones. Recordamos los inicios de Arte Sacro y cómo llegaron después otras páginas webs que ofrecían al instante la información más reciente. Algunas todavía siguen en pie y otras corrieron la misma suerte que las cadenas de televisión anteriormente citadas. En el conocido poema de Ozymandias, de Percy Bysshe, se pueden leer aquellos versos que se atribuyen a su esposa, Mary Shelley, y que refieren que «la tierra está llena de ruinas de imperios que creyeron que durarían para siempre». En la era cibernética, nada de lo que vemos seguirá en pie eternamente.
Tampoco Youtube, que ahora nos permite poder seguir la Semana Santa de otras zonas lejanas a la nuestra o consumir las carreras oficiales en bucle. Allí no encontrarán La Pasión, que se marchó hace años de la mayor plataforma de vídeos del mundo —craso error—, para poder verse tan solo a través de tv o en su página web. Precisamente anoche fue la primera vez desde hace años que me interesé por ver uno de sus programas. Lo mejor, sin duda, la entrevista de Ángel Casas, actual hermano mayor de una corporación sin la que no entenderíamos la Semana Santa: El Museo. Sin rodeos, pero educadamente, nos alumbró la auténtica realidad de lo que sucede el Lunes Santo. Una cuestión delicada, pero tratada con tacto, acompañada de declaraciones hechas con sumo respecto.
El programa emitió también un recorrido por los pasos alegóricos de la mano de Pablo Borrallo, uno de los presidentes del Ateneo. Colaborador asiduo, todavía recuerdo cuando hace algún tiempo afirmaba en este mismo programa que los varales del paso de palio de las dolorosas eran doce porque significaban los doce apóstoles. Y también se me viene a la cabeza cómo un reconocido catedrático —quizá el más mediático— me escribía al día siguiente por WhatsApp preguntándose de dónde había sacado tal barbaridad. En efecto, se mire por donde se mire es una afirmación que no se sostiene. O que no tiene ni pies ni cabeza, si me permiten la expresión coloquial.
El reportaje hay que visualizarlo un par de veces para poder recordar todos los errores que contiene. Todos nos equivocamos —quien aquí firma, el primero— pero si se acude a una grabación para hablar sobre un determinado tema, qué menos que asistir con la lección aprendida. De la lista de pasos alegóricos olvidó —o desconoce— el que sacaba la hermandad de la Carretería durante la segunda mitad del siglo XIX y que representaba la victoria del espíritu sobre la materia, donde aparecía un esqueleto con una guadaña —muy bien descrito por Ángel Luis Pérez en Dios. Hombres. Ciudad: Historia y vida de la Hermandad de la Carretería—, el de los Panaderos, con San Andrés arrodillado frente a un ángel que le mostraba la cruz en forma de aspa, el símbolo de su martirio, o los de la cofradía de Santísimo Cristo de la Sangre, la Virgen de la Candelaria y San Juan Bautista. Esta representaba en su primer paso la degollación del Bautista, cuya sangre anticipaba la advocación del segundo paso. De Juan, el último profeta y gozne entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, aparecía su cabeza, siendo lo más llamativo precisamente la sangre, símbolo del triunfo sobre el pecado y la victoria de la fe. Pero además, así como su vida estuvo dedicada a preparar el camino para Jesús, su derramamiento es preludio del propio sacrificio que se verá luego con Cristo en la cruz. Detrás, Cristo crucificado, el actual de las Siete Palabras. Según Bermejo, «a sus pies una gran porcelana llena de sangre que caía de sus cinco llagas, y los cuatro doctores de la Iglesia; dos de estos, en ademán de recoger la sangre de la porcelana, y dos en acción de derramarla por el monte, representando la Iglesia de Jesucristo, cuya sangre depositada en ella y sacada por los santos padres se derrama por toda la tierra para remedio del género humano». Por cierto, al final del reportaje se acordó del paso alegórico de la Santísima Trinidad y refirió los cuatro doctores de la Iglesia. Sin embargo, erró en un dato sin importancia, un detalle menor, considerando a San Leandro como uno de ellos en lugar de nombrar a San Ambrosio, a quien ni mencionó.
Llegados a este punto, no dudé en preguntarme con cierta inquietud, ¿por qué no se abre el abanico de invitados a los programas cofradieros teniendo en cuenta la gran proliferación de eruditos en Historia del Arte, en Patrimonio, en Semana Santa, que existen en esta bendita ciudad de Sevilla?






