Recuperar el lugar histórico que le corresponde. Esa es la idea con la que un grupo de hermanos han firmado un manifiesto que pretende precisamente otorgar a la corporación de los Gitanos el lugar que le correspondería. Dejaría por tanto de ser la última de una jornada que tiene varios frentes abiertos. Reivindicada su posición en el Cabildo de toma de horas al igual que también lo ha hecho la Esperanza de Triana.
Para entender el avispero en el que se convertirá la Madrugada —si no lo es ya— habría que viajar hasta el siglo XIX, donde el pleito entre la Esperanza de Triana y el Calvario acaba arrastrando a la corporación de los Gitanos. Viajemos hasta 1888 cuando solo hacían estación de penitencia a la Catedral tres cofradías: el Silencio, el Gran Poder y la Macarena. La O, al solicitar su traslado al Viernes Santo deja un hueco que será ocupado por la Esperanza de Triana a petición de esta el año siguiente. Llegamos a 1889 y la Esperanza de Triana sale en última posición —se encontraba en pleno proceso reorganizador—, tras la Macarena. En estos años los Gitanos no salía y el Calvario formaba parte de la nómina del Miércoles Santo.
Pero en 1891 se suma los Gitanos. Y en 1899, sin que ni siquiera hubiera transcurrido una década, la aprobación de las nuevas reglas del Calvario estableciendo su día de salida en la Madrugada termina por propiciar un problema que se arrastra desde entonces. El Calvario propone a la Esperanza de Triana la cesión de antigüedad de tal modo que pudiera pasar por delante de ella en su estación al primer templo de la ciudad. Y la junta de gobierno de la corporación trianera acepta, pero solo si también aprueba este acuerdo la Macarena que, como es sabido, termina rechazándolo.
La solución fue acudir al arzobispado. Y según dicen, en aquel debate tuvo mucho que decir un tío carnal de un importante hermano del Calvario, que para más inri —para la Esperanza de Triana— era el fiscal de palacio que debía tomar las riendas de aquella disputa. En plena cuaresma de 1899 el provisor dicta sentencia: la de la Magdalena tendrá que pasar antes que la de San Jacinto. En señal de protesta la corporación trianera sale a las nueve de la mañana y no ceja en su empeño de que se revoque aquel acuerdo. En 1914 se emite un decreto que recoge formalmente el cambio. Y quien crea que en el pasado siglo no ha habido problemas en torno a la Madrugada ahí tiene años como 1971 o el otro pleito más conocido de la jornada, el que acabó resolviéndose con la concordia entre el Gran Poder y la Macarena.
Ahora, la máxima de defender lo que históricamente le correspondía a cada hermandad como su posición en la nómina de la jornada parece ser un problema que no sobrevolará solo por encima de la Madrugada. Porque si el Consejo intenta mediar, también saltarán otras corporaciones defendiendo lo que les pertenece, como aquella que sufre lo inenarrable cada Miércoles Santo.
Habrá quien piense que es mejor dejar este asunto como está, entre otras cuestiones porque abrirá la puerta a más cambios sucesivos a la par que sorprendentes. Ya se sabe, “mudado el tiempo, mudado el pensamiento”. Ser la última no es ahora un privilegio, no pasa por ser anhelo de prácticamente ninguna hermandad. Y como tal, las aspiraciones son distintas a las de antes.





