El capirote | Vergüenza nacional

Hemos asistido esta semana a dos acontecimientos que nos han mostrado la verdadera cara de la ciudad. Uno nos ha revelado cómo se las gastan en el Consejo de cofradías, donde se han reunido las penitenciales para abordar un tema expuesto por parte de las vísperas. Allí, los hermanos mayores, representantes de sus corporaciones, elegidos por sus hermanos. Hermandades que vertebran el esqueleto social de la ciudad. Por otra parte, la concesión de la Rosa de Oro a la Macarena, la devoción sevillana más universal.

De un lado tenemos la reunión del pasado lunes con las de penitencia, en un plan que sale rechazado cuando estas solo obtenían una parte que para las que acuden a la catedral no supone una gran pérdida, pero para las vísperas es una cuantía importante que pueden derivar a sufragar diversos gastos. Es curioso cómo solo tres acaban votando favorablemente. Qué grande queda en algunos espacios hablar de hermandad. Golpecitos de pecho, que de eso hay mucho. Y también el afirmar en petit comité que las corporaciones del Viernes de Dolores y del Sábado de Pasión llevan razón, pero cuando el voto es secreto, reflejo todo lo contrario. ¿A quién le sorprenden este tipo de actitudes? Basta decir que las vísperas son el futuro de la Semana Santa. Corporaciones con una importante labor social en barrios alejados, que no paran de crecer. Y que son vistas por otras como de segunda, cuando dan lecciones de primera. ¡Qué ironía!

Más bochornoso es el asunto de la concesión de la Rosa de Oro a la Macarena. Los temas de índole cofradiera de una ciudad puntera como Sevilla trascienden del ámbito local. Van más allá de Despeñaperros. Y asistimos anonadados a la vergüenza ajena que se siente cuando la devoción más conocida de Sevilla recibe una distinción que es muy superior a tanta coronación y tanta medalla. El Papa Francisco otorga una condecoración sin precedentes en el territorio sevillano. No solo reconoce la devoción sino el amor de la ciudad hacia la Virgen María, resaltando el marianismo existente. ¿Y cuál es la respuesta? Acusaciones en las redes sociales, que no son más que la plaza del pueblo donde se reunían antaño a tratar asuntos cotidianos, de que la hermandad ha insistido mucho al Vaticano en obtener el reconocimiento y, debido a su pesadez se le ha otorgado y otras cuestiones que es mejor no recordar porque van más allá de lo absurdo. Qué incomodidad ver cómo esta ciudad se llena cada vez más de envidia. Pocos esperaban el encendido debate que se ha creado en torno a la concesión de la Rosa de Oro. Otro ejemplo más del rumbo que está tomando el universo cofradiero desatando un cruce de comentarios que no es más que el reflejo de nuestra sociedad. La de aquí, por supuesto, porque ni con la Morenita de Andújar ni con la Virgen de Montserrat se acabó liando tal espectáculo lamentable que nadie ha venido a azuzar. Han bastado los de aquí para convertir un reconocimiento sin precedentes en Sevilla en vergüenza nacional.