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El cartel del «altar doméstico»

Sevilla ya tiene cartel de Semana Santa. Chema Rodríguez presentó su pintura junto al Presidente del Consejo en una ceremonia compuesta de halagos artificiales y desesperantes discursos que poco o nada aportaron al acto.

Cartelista y mandatario tiraron de la manta, y, tachán tachán, se descubrió el pastel. Sí, digo bien, el pastel, que es lo que va a devorar el autor para endulzarse la tarde después de las críticas y memes que se han sucedido desde ese momento estelar.

El lienzo se disfraza de intimismo, pero la simpleza extrema que desprende es lo último que necesita el cofrade y el creyente en estos momentos.

No dudo que Consejo de Cofradías y Arzobispado deseaban un cuadro así para anunciar la Semana Santa de este año, muy en la línea de los tiempos difíciles en los que nos encontramos: austero, sencillo y lleno de símbolos que directa o indirectamente nos recuerdan a la Pasión del Señor.

El cofrade de a pie, el que siente y vive los días grandes de la ciudad durante los 365 días del año, pedía más. El capillita demandaba el cartel de los carteles.

Sevilla necesitaba ver la salida de la Macarena, los nazarenos de la Paz por el Parque, la silueta del Gran Poder por Gravina, la Esperanza roneando en el puente, una Cruz de Guía surcando la Catedral.

La ciudad rogaba por una candelería gastada, un rayo de sol bañando de luz la canastilla de cualquier misterio o una bambalina sobresaliendo del varal con ritmo acompasado.

Es respetable la idea de no incluir elementos que formen parte de la Semana Santa en la calle, pero nada tenía de malo plasmar un altar de cultos, la Veneración del Señor o la Virgen en cualquier hermandad, o un simple primer plano de alguna de las devociones más queridas.

Pues bien, el sueño se ha evaporado instantáneamente. Ha primado el cartel de oficina, el que se colgaría en cualquier galería individual del autor o en el despacho del dirigente cofrade de turno.

Ciertamente ha suspuesto una oportunidad perdida y una decepción para tantas personas que no querían ver su mesita de noche o un «altar doméstico» -tal y como lo llama el propio Chema Rodríguez- en el cartel de Semana Santa.

Y confirma además la línea decadente de este anuncio anual que pierde, de forma cadenciosa pero constante, el interés del respetable.

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