Calma, calma… No se me alboroten. Vaya por delante que no es mi intención ni insultar la obra ni mucho menos criticar al indiscutiblemente prestigioso artista que la ha realizado. De hecho, ni siquiera la frase es mía. Ha sido uno de los muchísimos comentarios cargados de indignación, mezclados con los memes y las carcajadas, que han saturado mi móvil, vía WhatsApp, desde el preciso instante en el que el cartel de la Semana Santa de Sevilla de 2024 ha sido desvelado. No diré quién lo ha perpetrado y reconozco que probablemente éste haya sido el comentario más fuerte de cuántos he recibido. Pero les garantizo que nadie, absolutamente nadie, me ha hecho un comentario positivo del cartel. Si he titulado así el artículo es para dejar constancia, para subrayar con trazo gordo, de hasta qué punto el cuadro anunciador de la Semana Santa de Sevilla de 2024, que es lo que supone que es, no ha sido comprendido ni gusta a la inmensa mayoría de los cofrades de los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía.

Y no porque técnicamente no se trata de una obra impecable, que lo es. La obra está ejecutada de manera intachable. Desde el punto de vista técnico es magnífica. Pero se pongan como se pongan quienes, también desde el preciso instante en el que la obra ha sido desvelada y han comenzado los comentarios, el cabreo generalizado y el cachondeo, han comenzado a insultar a diestra y a siniestra -como hacen siempre- a quienes han criticado el cartel, porque somos «un hatajo de incultos e ignorantes», esta magnífica obra no puede ser en modo alguno el cartel de la Semana Santa de Sevilla. Ni de Sevilla ni de ningún otro sitio, porque, dicho sea de paso, y puestos a aceptar barco como animal de compañía, este cartel podría servir para anunciar cualquier Semana Santa del mundo, la de Sevilla, la de Valencia o la de Pernambuco. O ninguna, que es lo que tenía que haber ocurrido con esta obra, insisto, técnicamente magnífica, si quienes mandan en el Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla tuvieran lo que tienen que tener -cojones- para reconocer el error y echarla para atrás cuando la han visto. Claro que después de la bazofia que nos hemos tenido que tragar como cartel anunciador del II Congreso de Hermandades de Sevilla, por no hablar de otros regalitos que algunos presuntos artistas están perpetrando este año, parece que cualquier cosa vale.
Y no. No vale todo. Hemos perdido definitivamente el norte. Un compañero columnista abogaba hace unas horas por intercalar la fotografía con la obra pictórica. Yo no llegaría a tanto. Bastaría con escoger a artistas que realmente sepan lo que es un cartel de Semana Santa en lugar de elegir «nombres importantes» que, por descontado, son muy relevantes en el mundo del arte pero que demuestran ser incapaces de anunciar una Semana Santa. Como dice un conocido tuitero al que sigo, y con el que me río mucho, desde este preciso instante cojo el escudo para soportar las andanadas de los superexpertos en arte que vendrán a decirme cómo de ignorante soy, que no tengo ni idea de esto y no sé cuántas majaderías similares por el estilo.
A ver si algunos se enteran: un cartel de Semana Santa no está pensado para estar colgado en una galería de arte, está pensado para anunciar una Semana Santa.. una Semana Santa concreta, no cualquier Semana Santa del mundo. Y el cartel debe ser entendido y aceptado como propio por el común de los mortales, no por un grupo de culturetas que miran por encima del hombro a quienes no meamos colonia. Aunque, tranquilos, que no cunda el pánico, mañana vendrá el de la secretaría a llenarlo todo de incienso.
Lo siento por el artista, un grandísimo artista. Pero su obra no es un cartel para la Semana Santa de Sevilla. Ni rompedor ni gaitas. Es un cartel fallido. Reconozco que mi esperanza de que quien manda en el Consejo aprenda algo al respecto es nula, solo hay que ver otros carteles perpetrados en años precedentes. Jugar a ser modernito no es esto. Esto es hacer el ridículo. Y poner en ridículo a la Semana Santa de Sevilla. No sé si es un infumable cartel de mierda, pero, desde luego, quizá había que echar la vista atrás, no hace falta mucho, y darse cuenta de que el camino de los últimos años es absolutamente equivocado. Que alguien tome nota, por Dios. Si es que queda alguien con cerebro en el Consejo.





