Está claro que en Córdoba no es que exista últimamente mucho la alternancia en el ‘poder’ de las cofradías. Aunque algún caso hay. Las hermandades vienen utilizando la democracia desde hace siglos por mucho que les joda a los que van de descubridores de los valores democráticos.
Fijaos que ya en el siglo XVI los cofrades se reunían en cabildo para elegir a sus dirigentes. Actividad que se viene desarrollando desde entonces para cumplir las tradiciones porque ya sabemos lo que nos gusta conservarlo todo a no ser que se trate de borrar la historia y el pasado si no nos gusta.
Sin embargo, una cosa son las elecciones libres donde se supone que el hermano vota desde su libertad y otra muy distinta es cuando algún candidato hace «triquiñuelas» para ganar, normalmente siempre desde dentro. Y ejemplos podemos poner, como aquellas elecciones de una Hermandad cordobesa que el candidato, que a su vez era el Hermano Mayor saliente se dedicó a hacer a sus amiguetes hermanos de la Cofradía con una antigüedad para poder votarle. Y destacar que entre sus amiguetes que votaron sabiendo que no era legal eran, en aquel entonces, hermanos mayores de sus Cofradías. Y no digamos cuando de una cuadrilla de costaleros que son hermanos se trata. Semillero de votos a la vista.
Por lo menos en Córdoba el Estatuto Marco vigente ayuda a tener claro la manera de actuar en un proceso electoral. En Córdoba últimamente la alternancia brilla por su ausencia. En los procesos electorales o se presenta solo un candidato o no se presenta ninguno. El caso de la Hermandad de la Agonía, es un caso extraño últimamente.
Y la alternancia está muy bien porque proyecta nuevos rumbos, nuevos retos y nuevas fuerzas.
Y una de las cosas buenas de la normativa diocesana es que no pueda estar más de dos mandatos un mismo hermano mayor o en un mismo cargo. Las Cofradías no son cortijos personales de nadie. Al igual que ocurre en las instituciones, la alternancia es necesaria. Igual debería de pasar en ciertas hermandades, que se han creado su propio cortijo. Es lo que nos toca…





