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La Chicotá de Nandel, Opinión

«El cofrade no tiene miedo, no se arruga, cual costalero en calle mala»

Nosotros, seguimos caminando. Como camina Jesús entronizado mirando a su pueblo. Nosotros, miramos las caras de nuestros hermanos, sus sonrisas, sentimos sus abrazos, cogemos en brazos a los más pequeños para que sientan el calor del amor que brota de debajo de un paso en los ensayos, ofreciendo la bella Imagen de una Dolorosa a sus ojos llenos de niñez y mundo por descubrir.

El cofrade no tiene miedo, no se arruga, cual costalero en calle mala.

Aún así, seguimos viendo con torpeza los ataques que sufrimos, las vergüenzas ajenas, que por desgracia, nos atizan una y otra vez, con nuestras Imágenes, nuestras devociones, nuestros sueños.

Ciudadanos que dicen que vivimos en un país laico, que hay que respetar todas las culturas y religiones, hasta a aquellos que no tienen ni cultura, ni creen en ninguna religión. Estos últimos, normalmente ocupan algún escaño en nuestro Ayuntamiento, el de Córdoba, y si, cultura ninguna, pero en cuanto a la religión mienten como bellacos. Son fieles amantes y seguidores del vivir de los demás a costa de incultos como ellos.

Siempre se ha dicho que es muy fácil meterse con todo lo que huela a Iglesia, pero esta frase está tan manida ya como los que siguen realizando actos para que la volvemos a escuchar. Y yo, paso, no me gusta esa frase.

A mí me pone más aquello de, qué poquito daño me hacen estos fracasados emocionales, y qué repunte físico y mental me da al acordarme de ellos cuando voy a unos Cultos, me preparo mi sesión de fotos cofrades, mi sesión de vídeos, mi ensayito de costalero, sabiendo que de eso ellos, nada de nada, ni olerlo, ahí es cuando me da la pena por ellos y me pone, me pone muchísimo.

Lo de el Ayuntamiento con la Hermandad de la O es de traca, pero nadie se ha parado a pensar que bueno, vienen elecciones, y por molestar a la fe católica ya echan sus redes sobre los cuatro despistados que los puedan votar, porque oiga, nos podemos reír y mucho, pero mucho que nos podemos reír en las próximas elecciones, podemos, podemos, podemos.

El cofrade camina, mira a la cara a los suyos, no va a manifestaciones chorras, su manifestación es la fe, el amor, la nostalgia, el abrazo, el amigo, el costarle el dinero frente a que otros cobren por zancadillearlo, zancadilla tras zancadilla, y el cofrade… Sigue, camina, sigue caminando.

Caminemos hermanos, como en tiempos se cantaba aquel «a cabalgar», caminemos, racheemos, disfrutemos, olamos, percibamos, escuchemos, sintamos, pues los sentidos son nuestras armas para recoger lo que nos viene, lo que nuestro trabajo en estos días va a traer a nuestra tierra, la explosión de la pasión del Hijo de Dios junto al llanto Sagrado de su Madre, Nuestra Madre, la Reina de Nuestra Semana, que viene, y podemos, podemos como siempre hemos podido, aunque diga el tonto de la Fuensanta y podemos, que algún día no podremos.

Vamos a caminar, a seguir caminando, ya llegará el tiempo de votar, es entonces cuando nosotros caminando, demostraremos si pudimos, a los que dicen que no podremos más.

Caminemos, podamos y recemos, cosa que aunque no lo imaginen, algunos harán en breve, un día con papeletas y urnas, aunque no puedan ese día querrán poder, y al final, nosotros caminaremos hacia una cruz, hacia nuestro templo eclesial, nuestra casa Hermandad… Otros caminarán a su casa. A secas.

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