El Santísimo Cristo de la Expiración de la Rambla (obra anónima del siglo XVII atribuida al círculo de Juan de Mesa) ya se encuentra en la Iglesia de San Agustín, donde participará en el Magno Vía Crucis de Córdoba el próximo 11 de octubre, convirtiéndose en una de las piezas más admiradas y esperadas de esta cita religiosa.
Titular de la Hermandad de la Expiración de la Rambla, la imagen tiene su origen en una capilla funeraria situada en la iglesia del convento de los Trinitarios, desde donde fue trasladada a su ubicación actual en la Iglesia de la Asunción. Considerada una de las joyas de la imaginería andaluza, su autoría ha sido objeto de debate entre los historiadores: algunos la atribuyen a Juan de Mesa o su círculo, mientras que otros la relacionan con Martínez Montañés, Gaspar Núñez Delgado o Alonso de Mena.
La escultura representa un Crucificado en el trance de la expiración, destacándose por un enfoque más contenido y sobrio que otras tallas barrocas de la misma iconografía, prescindiendo del dramatismo excesivo. Originalmente, la imagen no estaba concebida para procesionar, motivo por el cual carece de anclaje en la espalda, como es habitual en los crucificados procesionales. La encarnación ha sido tratada uniformemente en toda la escultura, aunque la parte posterior del paño de pureza presenta un acabado menos detallado que el frontal.
A lo largo de su historia, la imagen ha sido objeto de importantes restauraciones. Probablemente en el siglo XIX se intervino en el paño de pureza y en las piernas, reforzando y encolando las piezas con clavos y estuco, aplicándose además cola animal en el rostro para refrescar la encarnación. Posteriormente, en 1958, los imagineros sevillanos Adolfo Castillo y José Pérez realizaron una restauración completa: se encolaron y cosieron los brazos al tronco, se repararon los ensambles de la pierna izquierda, se resanaron grietas, se confeccionó una nueva corona de espinas a partir de restos de la antigua, se repararon dedos rotos o faltantes, se trató un ataque bacteriano, se introdujo una chirlata en el ensamble de la tapa de la espalda para corregir desniveles y se repintaron lagunas, en algunos casos sobrepasando los límites originales de la obra.
Además de estas intervenciones, la imagen ha sufrido otras actuaciones puntuales, entre las que destaca la más desafortunada: la amputación de la corona de espinas a principios del siglo XX para colocar potencias, modificando de manera significativa uno de sus elementos característicos.
El Cristo de la Expiración de la Rambla se presenta ahora como un testimonio invaluable de la imaginería andaluza, listo para ocupar un lugar central en el Magno Vía Crucis, donde su presencia será admirada y venerada por fieles y devotos, reafirmando su estatus de joya indiscutible del patrimonio religioso cordobés.





