El Cristo de la lágrima en la mejilla

Impresiona. Ese es el comentario generalizado de todos los que han tenido la fortuna de contemplar la hechura de Nuestro Padre Jesús de la Bondad. El futuro titular de la Pro-hermandad homónima, que paulatinamente va tomando cuerpo en el corazón de la Fuensanta, es una imagen impresionante, espectacular, por su tamaño y por sus formas. Dos metros mide la nueva imagen cristífera nacida de la gubia del imaginero Antonio Bernal, cuya presencia bajo la atenta mirada de la Co-Patrona de Córdoba está a punto de atravesar la frontera de los sueños para convertirse en realidad. Será el próximo sábado 27 de enero cuando sea bendecido por el obispo de la diócesis en el Santuario de la Fuensanta.

“Las cosas de Palacio van despacio” decía mi abuela. Y a fe que esta verdad absoluta se multiplica por mucho cuando el Palacio es además Episcopal. Obtenida la anuencia del obispado, la talla será bendecida en el Santuario de la Fuensanta el próximo mes de enero en una jornada que pasará a la historia de la joven corporación y de toda la Córdoba Cofrade. Una imagen concebida para presidir el misterio de las negaciones de San Pedro y que, presumiblemente, deparará determinadas sorpresas sobre el paso en que camine entronizado el impactante Cautivo, como un gallo y un pozo, clarísimo homenaje al Pocito que habita a las puertas del Santuario, símbolo de todo un barrio y metáfora de una hermandad que pretende beber de la esencia del barrio en el que ha nacido y se está desarrollando.

Pero más allá del misterio que el futuro deberá terminar de concretar, Nuestro Padre Jesús de la Bondad ya impresiona de motu proprio, sin necesidad de más atavíos que su infinita presencia, en virtud de la creatividad de uno de los más importantes imagineros contemporáneos. Una grandeza que lo inunda todo cuando se siente su presencia y que se revela en el tamaño de manos y pies que presumen una fuerza inusitada pero al mismo tiempo, por la dulzura que emana de su rostro, en cuya mejilla izquierda se derrama una lágrima de amargura y melancolía, que sintetiza la tristeza de saberse negado por aquellos que compartieron con Él su vida. Un sentimiento que muchos habrán experimentado en algún momento de su vida.

Nuestro Padre Jesús de la Bondad es dulzura infinita y desamparo, fortaleza y compasión. Una representación del Hijo de Dios que atesora el sello inconfundible de las últimas obras de Bernal, acaso con ciertas reminiscencias de Ortega Bru, pese a que los rasgos difieran sustancialmente de las imágenes del genio sanroqueño. Una fuerza y espectacularidad a la que contribuye de manera decisiva la impresionante zancada de un hombre que camina, en medio del rechazo, hacia su misión inexorable. Una zancada muy poco común en un Cautivo, casi siempre representados de forma estática, que lo singulariza para dotarlo de la categoría de único. Una imagen perfecta para cautivar al barrio en el que sus jóvenes devotos decidieron soñarlo, y desde ahí, conquistar el corazón de Córdoba entera.