- 1606, un rosario de procesiones visita al Santo Crucifijo de San Agustín
- El Cristo de San Agustín, la gran devoción histórica que libró a Sevilla de la peste
Todos sabemos de más que Sevilla es mariana y así se refleja entre los títulos de la ciudad pero, ¿solo invocamos protección a la Virgen? ¿Hubo otras advocaciones a las que tanto el sevillano de a pie como el poderoso imploraron su intercesión? Sí, y no solo en épocas pasadas. Tan solo hace falta pasar un día por la calle Alfonso XII y entrar en San Antonio Abad, nos percataremos de la multitud de fieles, de flores, velas, plegarias, etc. que se amotinan en la puerta para rezar ante San Judas Tadeo. Pero no es el caso o, mejor dicho, la advocación, de la que escribiremos en las siguientes líneas.
El 2 de Julio, la invicta ciudad de Sevilla le debe a un antiguo crucificado parte de su historia. Este es el Santo Crucifijo de San Agustín. Si bien la imagen que se venera en el seno de la Hermanad de San Roque no es la original -fue destruida en los sucesos del 18 de Julio del 36- es la réplica más fidedigna que tenemos de aquella primitiva y peregrina imagen gótica que en un principio tenía su emplazamiento en la Casa Grande de los Padres Agustinos. Fue un 2 de Julio de 1649 cuando el Cabildo Catedralicio y las autoridades Civiles acordaron llevar al Santo Crucifijo en rogativas a la Santa Iglesia Catedral debido a la terrible epidemia de peste que asolaba la capital llegando a contabilizarse en torno a unas 200.000 muertes según los registros de la época. El pueblo esperaba con fervor el paso de la imagen que gozaba de ser por aquel entonces el icono devocional de la época. Tras la procesión y Octavas al Crucifijo, fue cesando la brutal epidemia hasta que en el Hospital de la Sangre ondeó el 25 del mismo mes la bandera blanca que marcaba el fin de la peste. El Ayuntamiento acordó dar gracias a su Asilo y Protector cada 2 de Julio en recuerdo de tal milagro.

No obstante, el Santo Crucifijo no era la primera vez que saldría en rogativas. Tenemos constancia documentada que en marzo de 1525 el Cristo salió ante una abrumadora sequía que asolaba la ciudad dirigiéndose al templete de la Cruz del Campo donde, hasta que el Cardenal Niño de Guevara ordenara hacer Estación de Penitencia a la Catedral, se hacían las procesiones y piadosos Vía Crucis. Cuentan las crónicas que al paso de la comitiva se fue encapotando el cielo hasta que un fuerte aguacero acabó por regar los campos y frustró la procesión, que se vio obligada a dejar a la Imagen en la Ermita de la Cruz del Campo hasta que pasase la tormenta. Diversas crónicas señalan las siguientes salidas del Crucifijo siempre con el mismo desenlace, la abundante cantidad de agua o el cese de distintas epidemias.
Aquel Cristo que fuera el más milagroso de la ciudad, dando pruebas de ello sus numerosos exvotos así como sus representaciones pictóricas o escritos que lo atestiguan, y que en contadas ocasiones era expuesto a la veneración de los fieles lo que daría un mayor fervor entre el pueblo, fue perdiendo el arraigo y la devoción que Sevilla le había profesado durante siglos entrando en decadencia incluso antes de su traslado definitivo a la Parroquia de San Roque, donde tuvo su trágico final aquel 18 de Julio. No obstante, la Hermandad de San Roque lo incorporó como titular en 1990, aunque llegó a posesionar en Semana Santa dentro de esta corporación solo e incluso con la Virgen de Gracia y Esperanza, María Magdalena y San Juan a modo de Calvario haciendo su última salida el Miércoles Santo de 1926.
Recientemente hay un grupo de devotos que se dedican a propagar su devoción e iconografía, así como sus milagros y exvotos mediante las redes sociales llegando a realizar por esta vía una novena de rogativas para la protección de esta nueva pandemia que nos asola.
A Él nos volveremos a encomendar como Asilo y Protector una vez más para que todo pase pronto y podamos disfrutar de nuevo en plena tranquilidad de nuestra ciudad y, dando rienda suelta a la estipulación, quién sabe si lo volveremos a ver por las calles de Sevilla en una procesión de gracias tras el cese definitivo de esta pandemia.






