El desaparecido convento de las Santas Justa y Rufina

La calle Vírgenes recuerda el lugar donde estuvo este cenobio

La Iglesia celebra a las santas Justa y Rufina cada 17 de julio. Las hermanas gozaron de gran popularidad durante siglos en la ciudad que las vio nacer. A pesar de que en los últimos tiempos su papel en la religiosidad popular no ostenta el mismo esplendor, su huella queda patente en calles, edificios y otros espacios, algunos desaparecidos, como el que existió en la judería.

En 1586 se funda en la collación de San Nicolás un convento por parte de Alfonso Fajardo, arcediano y canónigo de Sevilla, hijo que fue del obispo de Esquilache. Su origen no se entiende sin otro convento concepcionista, el situado en San Juan de la Palma. Antonia Tremiño, abadesa que era de este, fue reclamada por el arcediano para que se pusiera al frente del nuevo convento. Tomó posesión del nuevo convento el 20 de agosto de 1586 junto con Constanza María, hermana que marchó con ella para que le sirviera de vicaria y maestra de novicias. Años después, regresarían de nuevo al convento de la Concepción.

Tras su fundación se encuentran nombres como los de el papa Sixto V, el cardenal arzobispo Rodrigo de Castro y el rey Felipe II, quienes dieron otorgaron las licencias para su fundación. Según Ortiz de Zúñiga, el 21 de agosto de 1587 se celebró la primera misa rezada, lo que da una idea de la fecha en la que la iglesia fue abierta al culto. Por su parte, el Santísimo Sacramento fue colocado el 3 de julio de 1588.

Las noticias relativas al convento van menguando a medida que se suceden los siglos. Así pues, se conoce que se extingue en 1837. Madoz afirma que en la iglesia se instaló un taller de carpintería. Las religiosas se trasladaron al concepcionista de San Juan de la Palma llevándose consigo enseres y documentos que podrían haber aportado más información al respecto. Sin embargo, en 1868 el convento de la Concepción fue suprimido, quedando escaso rastro tanto de la historia de uno como de otro.

Ortiz de Zúñiga, González de León o Arana de Varflora aportaron más información sobre este convento desaparecido consagrado a las dos santas trianeras. El segundo de ellos relata que la iglesia era muy pequeña, de un solo cañón, dividido con rejas para los coros alto y bajo. Sobre el retablo mayor indica que en el nicho principal se veneraban las santas Justa y Rufina, muy pequeñas, destacando un bajorrelieve de la Encarnación que acabó perdiéndose. San Pedro y San Pablo también tuvieron su representación, así como la Madre de Dios, San Juan Bautista y el Evangelista. Estos dos últimos presidieron sendos retablos. Según María Luisa Fraga se tiene constancia de otros dos, uno dedicado a la Santísima Trinidad y otro que se ignora a quien estaba dedicado. «Cualquiera de los dos pudo ser el que Felipe de Ribas traspasa a su hermano», indica.

Sobre el retablo presidido por la Santísima Trinidad arrojó luz Teodoro Falcón. Gracias a él se sabe que acabó recalando en la iglesia de San Nicolás de Bari. En un inventario de bienes de la iglesia datado en 1853 se conoce que «en el lugar del simpecado que había y obra en poder de D. Carlos Ramírez Ortega, se halla colocado el Misterio de la Stma. Trinidad, procedente del convento de las Vírgenes».

En cuanto a las santas Justa y Rufina que presidieron el retablo mayor, estas acabaron formando parte del patrimonio de la iglesia de Nuestra Señora de Consolación, vulgo Los Terceros. Allí, en la capilla de la esclavitud de Nuestra Señora, presidida por la Virgen de la Encarnación, se encuentras estas esculturas del siglo XVI, otro de los escasos ejemplos de un convento que se puso bajo la advocación de las santas hermanas.