Córdoba

El día en el que el aroma de María Auxiliadora impregnó cada rincón de Córdoba

La ciudad de Córdoba se ha preñado esta tarde de septiembre de una inusitada intensidad Salesiana que ha impregnado, con su sabor inconfundible, los rincones de la Córdoba más profunda, aquella que se siente orgullosa de su esencia y de su historia, de la inmensidad de las emociones que brillan con luz propia en el corazón de sus gentes y en el alma imperecedera de sus devociones más íntimas.

Esta tarde de septiembre María Auxiliadora, la Reina Salesiana Coronada por el amor incondicional de sus hijos, que estrenaba cetro y pendientes, ha recorrido las calles de Córdoba para peregrinar, acompañada de un nutrido cortejo, a ratos colegial, a ratos con un profundo sabor cofrade que ha contado con la presencia de representaciones de las hermandades de San Lorenzo, la Entrada Triunfal, el Calvario y Ánimas, así como de la Hermandad salesiana del Prendimiento. Un cortejo que ha alumbrado con el cirio inagotable de las oraciones latentes que se transmiten de generación en generación, el sendero que separaba la calle que toma nombre de esta universal advocación, y la Santa Iglesia Catedral, el mayor templo de la diócesis, a donde la Virgen ha acudido para conmemorar el centenario de la Basílica en la que habita y desde la que irradia la fuerza infinita de una luz que se reparte por los cinco continentes.

Pocos minutos antes de las 5 de la tarde, como presagio de lo que estaba a punto de acontecer, y bajo un calor inaudito que continúa asolando a la ciudad de San Rafael, pese a que el ocaso del estío ya debería palparse con la yema de los dedos, la cruz que servía de guía al cortejo atravesó el cancel de la Basílica para que decenas de devotos iniciarsen su caminar. Un aplauso atronador y la Marcha Real, impecablemente interpretada, como siempre, por ese auténtico lujo cuyas notas impregnan las calles de toda la Andalucía Cofrade, la Sociedad Filarmónica de Nuestra Señora del Carmen de Salteras, dieron la bienvenida a María Auxiliadora, entronizada en su magnifico paso que lucía nuevos faldones, impecablemente exornado de blanco inmaculado, que inició su alegre y elegante caminar a hombros de la nutrida cuadrilla costalera dirigida por Juan Carlos Vidal, otro seguro de vida que garantiza siempre el buen gusto que deriva de la sabiduría que atesora uno de los capataces que gozan de un sello inconfundible en la Córdoba cofrade, algo de lo que no todo el mundo puede presumir.

Fueron muchos los momentos de especial intensidad los que María Auxiliadora regaló a Córdoba a lo largo de un recorrido, por el que siempre fue acompañada de una notable presencia de público. Particularmente emocionante fue el instante en el que la Virgen accedió a las puertas de la Basílica de San Pedro, para que tuviese lugar una emotiva ofrenda floral a los Santos Mártires de Córdoba, que allí reposan. Derramando alegría y vistosidad, la Virgen continuó su caminar por un recoleto itinerario que discurrió por puntos tan hermosos como la calle Lineros o Magistral González Francés, para llegar a la Santa Iglesia Catedral cuando la tarde aún latía con fuerza a orillas del Guadalquivir.

Tras el intenso Pontifical, el cortejo volvió a precipitarse a las calles de la Judería para avanzar, atreves ando Deanes, por la recóndita encrucijada de callejuelas en la que se apostaban cientos de cordobeses para ser testigos de esta procesión histórica, única e irrepetible. Un cortejo cuyo camino de regreso al barrio de San Lorenzo fue pregonado por los magníficos sones de la Banda de Cornetas y Tambores Caído y Fuensanta, cuya calidad incontestable volvió a demostrar por qué está considerada como una de las mejores bandas en su estilo de toda Andalucía. Y tras el nutrido cortejo, María Auxiliadora, brillante, mágica, embriagadora, celestial… dejando tras de sí el aroma floral que se derramaba a la ribera de su caminar y que se entremezclaba con las oraciones del pueblo que ha acudido en masa ante su sonrisa, para reflejarse en su mirada y contarle bajito sus cosas más íntimas, aquellas que solamente se revelan, ante la bendita confidente, intercesora y madre del Rey del universo.

Una intensa petalada en la calle Jesús y María y una colorida sevillana en el corazón de las Tendillas, entre sinfonía y sinfonía, porque en auténtica sinfonía transforma cada marcha el Carmen de Salteras, camino del éxtasis inabarcable en el que convirtió Bailío con la presencia de la Madre de Dios, fueron sumándose al conglomerado de pequeños destellos que configuraron una irrepetible jornada para el recuerdo, un maravilloso rosario de emociones que ya forma parte de la memoria colectiva del alma Salesiana y ocupa un insustituible lugar de privilegio en el corazón de la ciudad de Córdoba, camino de un nuevo siglo en el que la luz salesiana continúe alumbrando cada uno de sus rincones.

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