Córdoba, Portada

La Crónica | El día en que Córdoba devolvió a San Rafael siglos de amor infinito

La ciudad de Córdoba ha protagonizado este sábado una jornada para la historia. Un día de júbilo que toda la ciudad ha podido disfrutar bajo un sol esplendoroso propio de la primavera, en el que se ha dado un paso decisivo para edificar una nueva cita con la que engrosar su calendario de acontecimientos recurrentes e insustituibles, materializando la perenne devoción que los cordobeses profesan por el Arcángel San Rafael, custodio de la ciudad y destinatario de un inmenso caudal de oraciones que se multiplican desde hace siglos por cada rincón de una ciudad que busca eternamente su protección, por obra y gracia de un encargo que emana del mismísimo Dios y que se ha convertido en una de las esencias de su religiosidad popular.

Muchos opinaban en este pequeño rincón del mundo que la presencia estable del Arcángel en las calles de Córdoba debía convertirse en una reivindicación de cofrades y devotos, a tenor de la masiva respuesta que, en forma de bulla incontenible e incontestable, habían tenido las recientes salidas procesionales presididas por la imponente talla de Alonso Gómez de Sandoval, que desde que fuese bendecida en el año 1795 por el Obispo Don Antonio Caballero y Góngora, ocupa un indiscutible lugar de privilegio en el corazón de los cordobeses.

Una reivindicación que hubiese caído, no obstante, en saco roto, por mor de la legendaria pasividad y capacidad de olvido de los cordobeses, de no mediar la determinación de la junta de gobierno de la Hermandad construida en torno al Custodio, que preside el veterano cofrade Manuel Laguna, y cuyo empeño por que San Rafael procesione de manera estable por las calles de su ciudad ha permitido que el deseo de muchos se convierta en realidad. Entronizado en el magnífico paso, todavía inacabado, que la corporación está fraguando para mayor gloria del patrón de los peregrinos, medicina de Dios, y protector de Córdoba.

Un paso que está siendo realizado por el prestigioso tallista José María Higuera que obedece a un diseño, concebido por Antonio López Peláez, en el que destacan las formas rectilíneas y llaman poderosamente la atención los cuatro candelabros arbóreos que presiden las esquinas. El paso, que respeta la peana que tiene la imagen junto con las medidas de la propia talla y la puerta de la Iglesia del Juramento, goza de un marcado estilo neoclásico como el templete que cobija al Arcángel. Los respiraderos y la peana están inspirados en el templete. Cuenta con candelabros arbóreos de diez puntos de luz de dos metros de altura. En la base lleva ángeles y cabezas de querubines y el conjunto presenta además unas cartelas rectangulares con distintas imágenes cordobesas.

Con estos ingredientes, potenciados por el anhelo latente en el corazón de quienes han sido hurtados en los dos últimos años de ser testigos de la instauración de una nueva tradición sobrevenida, los cordobeses se han echado en masa a la calle mezclados con miles de visitantes, que preñan las calles de Córdoba en pleno sábado de patios, para rendir pleitesía al Custodio y acaso para agradecer públicamente tantos siglos de protección. Una auténtica marea humana que ha demostrado que esta sí era una procesión que la ciudad necesitaba.

Con un caminar firme y elegante, fruto del magnífico trabajo y el buen gusto que siempre destila la cuadrilla que tiene el privilegio de mandar el capataz Ángel Carrero, enriquecido con el impecable repertorio seleccionado para la irrepetible ocasión por la Banda de Música María Santísima de la Esperanza, que ha vuelto a demostrar que es un lujo para la ciudad, el Arcángel ha descontado los pasos que separan la Iglesia del Juramento de la Basílica de San Pedro a cuyo interior ha accedido el cortejo para rendir visita a los Santos Mártires de Córdoba. Con la marcha «San Rafael» el Custodio de Córdoba encaraba la puerta de salida, sonando para la salida «Medicina Dei» de Alfonso Lozano Ruiz. Posteriormente, un rico y cuidado repertorio en el que se mezclaron marchas propias de la brillante formación musical cordobesa, obras litúrgicas y otras letíficas se hacía oración para el Arcángel. En otro punto clave del recorrido, la Plaza de San Andrés, sonó «La Esperanza de María» de Rafael Wals Dantas y posteriormente «Fernando III el Santo».

Un itinerario que ha dejado tras de sí múltiples escenas para el recuerdo, plenas de intensidad y sabor popular, como el transcurrir por Gutiérrez de los Ríos y la calle del Poyo o, ya de regreso, por la Corredera. Enclaves, todos ellos, por los que el Arcángel ha transitado acompañado, constantemente, por una auténtica marea de fieles y cofrades que no han querido faltar a la cita y ser testigos del día en que Córdoba devolvió a San Rafael al amor infinito manifestado a través de los siglos, con su intermediación para que la ciudad superase tragedias y pandemias, la última de ellas antes de ayer.

Una presencia que el tiempo y la perseverancia permitirán asentar en el corazón de Córdoba como una cita grabada a fuego y marcada en rojo, para siempre, en el calendario de Glorias de la ciudad y que propiciará que este caudal de fe que ha inundado las calles de la ciudad de San Rafael fluya eternamente.