El Domingo de Ramos es el día donde todo nace. Es entrar en otra dimensión. En el que la realidad de todos los días pierde sentido frente a la magnitud celestial de esta semana de gozo. El sentido del tiempo ha desparecido porque Sevilla es el escenario donde revivimos los mejores días de nuestra vida, los de la infancia. Padres y abuelos vuelven a convertirse en niños tras los ojos brillantes de hijos y nietos que derraman felicidad. El Domingo de Ramos todas las miradas convergen en San Roque donde la luz y el color logran la simbiosis perfecta con las tradiciones mas profundamente arraigadas en la idiosincrasia más profundamente engarzada en las entrañas de Sevilla. Y allí estuvo nuestro compañero Benito Álvarez, para ser testigo y atesorarlo en esta hermosísima crónica gráfica.





