El Sábado Santo tiene el dulzor amargo de la despedida. Es la prelación del vacío que empieza a sentirse en el corazón. Por eso, todos los que salen a la calle quieren disfrutar intensamente de cada minuto, cada olor, cada detalle y de cada mirada.
La cofradía del Sol no tuvo que padecer las altas temperaturas que sufrió el año pasado pese a salir muy temprano. En los primeros metros del recorrido del palio se le cayó una de las perillas y una maría. Tanto el paso de cristo como el palio dejaron buenas estampas en las calles céntricas de su itinerario de vuelta como en la Plaza del Triunfo.
Los Servitas es una cofradía perfecta. La elegancia se concentra potencialmente desde la Cruz de Guía hasta el palio de María Santísima en su Soledad. Estuvo arropada en todo el recorrido desde la ida en la calle Santa Ángela de la Cruz hasta el regreso en la Plaza del Cristo de Burgos y la Plaza de Santa Isabel. Uno de sus nazarenos perdía el conocimiento en plena carrera oficial. El repertorio que se interpreta para ambos pasos es una delicia para el cofrade que aguanta hasta el Sábado Santo.
Alegría y saber estar en la cofradía de la Trinidad. El paso del Sagrado Decreto se movía a los sones de marchas clásicas interpretada por las Cigarreras. Otra dimensión. El mismo misterio estrenaba los bordados de los respiraderos delantero y trasero confeccionados por Mariano Martín Santonja según el diseño de Dubé de Luque. Nueva saya blanca bordada en el mismo taller. El paso del Cristo de las Cinco Llagas se lució completamente bordado. La Virgen de la Esperanza era una de las dolorosas más deseadas de la jornada. Espectacular un año más la petalá en la revirá de la Plaza de la Campana. Se leía “Esperanza, siempre luz y vida” en una de las velas de la candelería.
La cofradía del Santo Entierro es la más protocolaria de la Semana Santa. Repleta de representaciones. Si la querías ver así en la calle tenías que darte prisa para coger sitio en los pocos metros que separa la iglesia de San Gregorio de la carrera oficial. Seriedad en todo el cortejo. El paso del Duelo es una maravilla del bordado. Rigor en el cristo yacente. La Virgen de Villaviciosa impresionaba una vez más en su atmósfera de luto.
La Soledad de San Lorenzo es el dolor más profundo. La certeza de que siempre nos quedará María en la belleza perenne de su soledad. Nazarenos de rito y rezo en un azulejo de la calle San Vicente se dirigían a la Plaza de San Lorenzo. Y por la calle San Vicente un nazareno le daba un caramelo de piñonate a un niño. Su regreso era un vuelco al corazón que se consumía en el silencio quebrado por una saeta a las doce de la noche.





