Córdoba

El miedo a los pronósticos errados rompió en mil pedazos el Viernes Santo

La amenaza de chubascos, más o menos fundamentada, el miedo instalado en el seno de las juntas de gobierno de algunas corporaciones cordobesas junto con la nefasta labor de la Agencia Estatal de Meteorología ha roto en mil pedazos un nuevo día de esta Semana Santa que pasará a la historia como una de las más accidentadas de los últimos tiempos, con un Miércoles Santo destrozado, un Jueves Santo en blanco, una Madrugada con una autoexpulsión y un Viernes Santo partido por la mitadTiempo habrá para analizar de qué medios disponen las cofradías cordobesas, con la Agrupación de Hermandades a la cabeza para tomar decisiones del calado de quedarse en casa por amenaza de lluvia (por lluvia llegó a decir alguna de ellas) y si es de recibo que algunos dirigentes se atreviesen a alegar que la determinación adoptada se basaba en motivos tan de peso como «haber preguntado al aeropuerto«, comprensible en una cofradía de los ochenta del siglo pasado pero en absoluto en una del siglo XXI, teniendo en cuenta los medios existentes hoy en día.

Vaya por delante que el miedo es libre, y que cada junta de gobierno, en un ejercicio de responsabilidad, es soberana a la hora de tomar decisiones, como es perfectamente legítimo realizar críticas al respecto. Téngase en cuenta también que la tarde presentaba un cielo con muchas dudas, pero durante la mañana, cuando el Señor de la Caridad presidía su tradicional y multitudinario Vía Crucis a la Santa Iglesia Catedral, diversos elementos invitaban al optimismo, sin ir más lejos las propias previsiones de la Aemet, que pronosticaban ausencia de precipitaciones hasta las 23:00. Lo que carece de cualquier lógica es que, al mismo tiempo que la web del ente público mostraba esa previsión, las diversas cuentas oficiales que el organismo dispone en twitter amenazasen con exactamente lo contrario, importante probabilidad de chubascos, débiles y moderados a medio día y chubascos débiles algo más tarde. Una previsión de chubascos débiles es la que es. Otra cosa es que los que han tomado las decisiones dispusieran de información privilegiada vetada al común de los mortales porque si no, no se explica que entre el Jueves y el Viernes, diez cofradías se hayan ausentado de las calles sin que haya caído ni una gota, valga la expresión. Aunque después de escuchar lo de «preguntar al aeropuerto», permítanme que en algunos casos, dude.

Si lo que algunos pretenden es un cielo impoluto, perfecto, y calor de casi verano para echarse a la calle, que se vayan olvidando – sin acritud -, porque la primavera en Córdoba es así, y difícilmente se van a encontrar con una Semana Santa perfecta en lo climatológico. Habrá veces en las que haya que salir con el cielo gris, digo yo, eso sí, teniendo muy claro a lo que se sale a la calle, a hacer estación de penitencia ante el Santísimo – y no lo digo precisamente por las cofradías del Viernes Santo -. Y si para eso hay que ir por el camino más corto, recortando recorrido y a paso rápido, hágase, porque el lucimiento es secundario, por más que a algunos les parezca increíble. Sea como fuere, la secuencia de los hechos ha sido la que ha sido. A primera hora de la tarde y mientras en Sevilla se multiplicaban las suspensiones porque allí sí llovía, el miedo comenzaba a apoderarse de Córdoba. Un miedo potenciado por el horrible estado que presentaba el cielo pero, sobre todo, por los datos que arrojaba la Agencia Estatal de Meteorología, que ha fallado más que una escopeta de feria, otra vez. «Un 80% de riesgo de chubascos»… ¡un 80!… como para fiarse…

A las 18:23, Expiración solicitaba una prórroga de media hora a la que se sumaba, escasos minutos después, la Soledad. Justo cuando finalizaba esta media hora saltaba la sorpresa en Las Gaunas y la Agrupación de Cofradías, que no utilizaba su cuenta desde el pasado día 15, aunque pueda parecer ridículo, teniendo en cuenta que estamos en Semana Santa, recordaba de repente que disponía de una y avisaba que el Viernes Santo se retrasaba media hora, entre el choteo de algunos usuarios por el repentino uso de una vía inédita durante toda la semana. Absolutamente incomprensible, como incomprensible fue que hubiese que cortar el cortejo del Descendimiento frente a la Puerta del Puente para sacar a un grupo de penitentes que no había abandonado su sitio donde debía, perjudicando a la cofradía.

Poco después llegaban las dos primeras bajas, casi al unísono. Primero, la cofradía de San Pablo e inmediatamente después, sin solución de continuidad, la Soledad, llenando de desazón a la Córdoba Cofrade que asistía a un nuevo castillo de naipes desmoronado como el que se desmoronó la jornada previa. A las 19:18 era la Hermandad de los Dolores la que se unía a la incomparecencia, confirmando que ya nada tenía solución. Apenas 19 minutos después, cuando ya era bastante evidente la mejoría, el Descendimiento anunciaba que tomaría una decisión a las 20 horas demostrando que, o bien es radicalmente imposible que todas las cofradías dispongan de información idéntica para tomar estas decisiones, o bien la aversión al riesgo de unos y otros dirigentes es inversamente proporcional.

Se llegó a escuchar entre el publico apostado en Capuchinos el sólido argumento de «total si en unas semanas se saldrá de nuevo a la calle (la Virgen, sólo la Virgen, me permito recordar). Un razonamiento tan ridículo que, lógicamente, nacería de entre el público y no en el interior de San Jacinto. Lo contrario hubiera sido un despropósito. La cuestión es que – aunque suene ventajista – todo hacía indicar que no caería una gota y, llover, lo que se dice llover, no llovió. Lo que sí se impuso fue un considerable frío y un ambiente desagradable, pero de ahí a que una cofradía no pudiera ponerse en la calle, media un abismo, como han demostrado Descendimiento y Sepulcro, que se pusieron en la calle a las 20:05 y 21:05 respectivamente evitando dejar a Córdoba huérfana de cofradías un día más.

Y es que la incertidumbre no fue óbice para que la cofradía del Campo de la Verdad marchase con valentía y decisión hacia el centro neurálgico de la religiosidad popular de la ciudad de San Rafael. Así lo confirmaba el sonido arrollador de la Banda de Cornetas y Tambores Caído y Fuensanta, para la que tan especial es tocar cada año detrás del Cristo descendido, que ya lo inundaba todo desde que su brillante forma de interpretar sonaba con fuerza desde las inmediaciones de la Calahorra. La entrada del paso de misterio en Carrera Oficial gozó de una impactante rotundidad. El acompañamiento a su caminar de las marchas interpretadas por la formación musical cordobesa, fueron el contrapunto perfecto para que el buen hacer de la cuadrilla de costaleros del Cristo del Descendimiento, particularmente elegante de la mano de David Arce, que se estrenaba en la plaza, encendiera las almas ateridas que poblaban los palcos en está desapacible tarde de Viernes Santo cordobés.

Detrás, la Virgen del Buen Fin, incandescente bajo el logrado palio que con su alegre movimiento concita cada año la atención del respetable, con ese halo de esperanza y alegría que es la metáfora perfecta que desprende el alborozado caminar, aderezado con la dosis perfecta de elegancia, de la dolorosa del Campo de la Verdad, anunciando que tras la muerte existe algo mucho más importante, lo que los cofrades celebramos en realidad, lo que ha de venir en apenas unas horas, la Resurrección, el auténtico Buen Fin de todo lo ocurrido. La Virgen se incorporó al itinerario común y atravesó la Puerta del Puente al compás de “Pasa la Macarena” interpretada magistralmente por la Banda de Música Enrique Galán y provocando un esbozo de alegría entre quienes esperan, como agua de mayo cada año, la llegada del palio rojo de la Virgen del Buen Fin. El contraste perfecto a la sobriedad predominante cada Viernes Santo y la nota de color que convierte en certidumbre y en luz el llanto y el lamento de la muerte y la cruz.

Y tras unos interminables minutos de espera, llegó el turno del Sepulcro. Una cofradía que pone en práctica el auténtico significado de la palabra perfección, desde el primer nazareno, hasta el paso de palio. La imagen señorial del cortejo, desenvolviéndose con pulcritud y anticipando la llegada de la urna que contiene al Señor y posteriormente el palio de la sagrada conversación, es una de las escenas que gustan degustar los paladares más exquisitos. Un cuerpo de nazarenos con un cuidado del detalle digno de todo elogio, que hace años se convirtió en ejemplo a imitar por las cofradías cordobesas, pero que sigue provocando la admiración a su paso.

Una perfección que se aprecia igualmente con la llegada de ambos pasos de la cofradía. El espectacular paso de estética manierista que preside el Señor, diseñado por Jorge Mellado, con talla de Juan Pérez, orfebrería de Manuel Valera, óleos de Luis López de Pereda y bordados de Jesús Rosado, toda una catequesis en movimiento, está llevado a hombros por una de las mejores cuadrillas de Córdoba, sin discusión. Mandada por la experta mano de Luis Miguel Carrión «Curro», la cuadrilla del Sepulcro es, desde hace muchos años, una de las referencias del mundo del costal en la ciudad de San Rafael, espejo en el que muchos se han mirado y fuente de la que otros tantos han bebido, de un modo u otro, para perfeccionar el universo del costal en esta ciudad.

Algo similar ocurre con el paso de palio de Nuestra Señora del Desconsuelo, cuya singular zancada es otra de las señas de identidad de la corporación de la Compañía. La entrada de ambos pasos en carrera oficial y su discurrir bajo la Puerta del Puente, particularmente en el caso del paso del Señor, ha vuelto a erigirse en uno de momentos más satisfactorios de esta Semana Santa. Un hecho que por frecuente ya no extraña a casi ningún cofrades, pero que merece ser destacado en justicia, subrayando la genuina esencia de verdad costalera que emana del magisterio de quien sigue siendo, el mejor capataz de Córdoba.

Dos cofradías cuya presencia sirvió para endulzar un amargo desenlace de la este Semana Santa para olvidar, cerrada en falso a expensas de lo que ocurrirá el Domingo de Resurrección pero que, pase lo que pase, no será recordada de manera benigna por la mayor parte de los cofrades cordobeses.

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