El Rincón de la Memoria, Portada, Sevilla

El monasterio de Nuestra Señora de Consolación, el cenobio recuperado de Triana

Las mínimas regentan este enclave desde hace siglos

Pagés del Corro es para el antiguo arrabal una importante arteria que vertebra el barrio. Los azulejos se suceden a su paso no faltando referencias a las hermandades. Desde la Estrella a la Esperanza de Triana pasando por los Gitanos o la dolorosa de la Encarnación. De ellas tan solo residen las dos primeras, cuyos orígenes se hallan vinculados indisolublemente con las gentes del mar.

Precisamente la riqueza del Guadalquivir llevó a las monjas que vivían en Fuentes de León, en Badajoz, a buscar en Sevilla un nuevo asentamiento. Las novicias, que moraban en un cenobio dedicado a San Francisco de Paula, expusieron entre sus argumentos el cumplimiento de los votos y alguna que otra cuestión que pudiera mejorar sus condiciones de vida. Era el caso de la alimentación, ya que al no incluir carne en su dieta el río podría ofrecer una mayor variedad.

Al fondo puede observarse el acceso al torno y una hornacina con la Virgen de Guadalupe

La comunidad quedó instalada cerca de la ermita de San Sebastián en 1567 pero en 1596 se trasladan a la céntrica calle Sierpes. El barrio, que las extrañaba, se compromete a llevar a cabo las obras de reconstrucción del convento que tras la inundación de 1595 había quedado en muy mal estado. El 8 de enero las monjas aprueban en 1602 enviar doce monjas de la orden. Volvía a tener vida el antiguo cenobio bajo el título de Nuestra Señora de la Salud, que se mantiene hasta hoy en día -tras la desamortización de Mendizábal cambiaría de advocación-. Poco después incluso se aprobaban las reglas de la hermandad del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, que en 1616 se fusionaría con la de la Esperanza.

El azulejo recuerda la fundación de la hermandad de las Tres Caídas de Cristo

Entre otros avatares padecieron las consecuencias del terremoto de Lisboa de 1755 y la desamortización de Mendizábal en 1835 provocó su exclaustración. Terminaron reuniéndose en la calle Sierpes dos años más tarde. A partir de entonces su futuro estará lleno de inconvenientes. El convento trianero será vendido y convertido en corral de vecinos. Y el cenobio de Sierpes desaparecerá para siempre. Regresan a Triana en 1879 gracias a la infanta Luisa, quien en todo momento mostró su disposición para que las monjas pudieran volver a la que había sido su casa. A excepción de unos meses durante la segunda república, no lo han abandonado desde entonces.

El templo

Interior del templo, con el retablo mayor presidido por Nuestra Señora de Consolación

Los desperfectos causados por el terremoto de Lisboa dieron paso a una nueva configuración del espacio monástico. Tras una portada neogótica se accede a un compás donde la iglesia queda edificada a su izquierda. Una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos y bóveda baída en la zona del crucero otea desde las alturas el retablo mayor, fechable hacia 1760 y atribuido a Manuel García de Santiago. Presidido por Nuestra Señora de Consolación, la imagen, de vestir, sostiene al Niño Jesús en su mano derecha mientras que en la izquierda porta un barquito, como suele representarse a tal advocación. En los laterales, las tallas de San Agustín y San Sebastián. Y sobre estos San José y San Antonio de Padua, respectivamente. En el ático, la aparición del ángel a San Francisco de Paula.

En el muro de la epístola se encuentra un retablo del XVIII que acoge la imagen de Nuestra Señora de la Salud, anterior titular del convento, también del mismo siglo. En los laterales, dos pinturas con apariciones marianas vinculadas estrechamente a Sevilla: la Virgen de los Reyes y la Virgen de la Antigua. A continuación, Santa Rosa corona el retablo que alberga una de las grandes joyas del templo, un Cristo atado a la columna con rasgos que recuerdan a la producción de Roldán. Por último, otro con San José, flanqueado por San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier.

Retablo de San Francisco de Paula

En el lado del Evangelio, un crucificado de tamaño académico y una dolorosa arrodillada a sus pies, de los siglos XVII y XVIII. A continuación San Francisco de Paula, fundador de la orden, con San Nicolás Saggio de Longobardi y Gaspar de Bono a ambos lados.

La clausura se estructura en torno a dos patios pero no son visitables. Desde el compás, además de al templo puede accederse al torno, desde donde las monjas ofrecen desde dulces hasta artículos de papelería. Rosquillos, pestiños, cortadillos o roscos de San Francisco para deleite del paladar o el Evangelio del próximo año y libros de espiritualidad para estar más cerca de Dios.

Desde que el pasado mes de agosto se expusiera a la veneración la Virgen dormida que custodian -esta se encuentra en el interior de la clausura- el cenobio volvió a despertar el interés de los ciudadanos. A principios de los ochenta cuando Enrique Valdivieso y Luis Arenas confeccionaron Sevilla oculta donde abordaban aspectos históricos y artísticos de las clausuras, las hermanas se negaron en redondo a que pudieran acceder a su interior. Pero no hay que irse tan atrás para recordar el cierre casi permanente del cenobio, que tan solo abría los domingos por la mañana. Ahora, con una flexibilidad horaria mayor, los sevillanos pueden volver a disfrutar del único rincón de vida conventual que queda en Triana.

Horarios

Exposición del Santísimo: desde las 11:30 hasta las 13:00 horas.

Santo Rosario: 12:30 horas.

Santa Misa

Laborales: 8 de la mañana.

Festivos: 10:30 horas.

Rezo de vísperas: 19:15 horas.