El Obispo de Jaén llama a vivir el VIII Centenario de la Virgen de la Cabeza como un «auténtico tiempo de gracia»

La Carta Pastoral propone que los ocho siglos de devoción se conviertan en una oportunidad de renovación de la fe, la caridad y la esperanza

El obispo de Jaén, Sebastián Chico Martínez, ha hecho pública la Carta Pastoral con la que la Diócesis se dispone a afrontar el Año Jubilar Diocesano con motivo del VIII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza, una celebración extraordinaria que se prolongará durante catorce meses y que el prelado jiennense plantea como mucho más que la conmemoración de una fecha histórica. Bajo el lema «Me felicitarán todas las generaciones» (Lc 1,48) – Ocho siglos de fe, el documento invita a convertir este aniversario en «un auténtico tiempo de gracia», un kairós, entendido como «una ocasión favorable que Dios nos regala y que no debemos dejar pasar en vano».

Fechada en Jaén el 15 de septiembre de 2026, memoria de Nuestra Señora de los Dolores, la pastoral ofrece una lectura espiritual, pastoral y evangelizadora de los ocho siglos de vinculación de la Diócesis con la Virgen de la Cabeza. El texto hunde sus raíces en la tradición que sitúa la Aparición durante la noche del 11 al 12 de agosto de 1227 y recorre, desde una perspectiva de fe, la trayectoria de una devoción transmitida de generación en generación hasta convertirse en uno de los grandes referentes de la piedad popular mariana.

Una celebración que aspira a transformar la memoria en conversión

Uno de los principales argumentos desarrollados por el Obispo de Jaén consiste en evitar que el VIII Centenario quede reducido a una sucesión de actos conmemorativos. Aunque reconoce la trascendencia social, cultural y religiosa que encierra alcanzar ocho siglos de historia, Sebastián Chico Martínez propone que la efeméride conduzca a una reflexión más profunda sobre lo que ha supuesto la presencia de María en la historia de la Iglesia jiennense y, especialmente, sobre la respuesta que esa herencia debe suscitar en el presente.

La cuestión central, por tanto, no reside únicamente en recordar lo sucedido, sino en dejar que esa memoria interppele a los creyentes. El Obispo reclama que la celebración desemboque en «una conversión más sincera a su Hijo» y sintetiza el camino espiritual que propone en tres acciones: peregrinar interiormente, hacer memoria agradecida y dejarse evangelizar por una devoción recibida y transmitida a través de los siglos.

La Carta Pastoral aborda asimismo la relación entre la tradición de la Aparición y el contenido de la fe católica. En este sentido, el prelado recuerda que la devoción mariana encuentra su centro en María como Madre de Dios, Madre espiritual de la Iglesia y figura singular en la historia de la salvación, siempre vinculada a Cristo y orientada hacia Él. El propósito del Jubileo será, así, profundizar en el significado de la advocación para que los devotos puedan responder no solamente a la pregunta de por qué aman a la Virgen de la Cabeza, sino también a quién es la Virgen a la que aman y cómo conduce siempre a Jesucristo.

La piedad popular como expresión de una fe transmitida durante ocho siglos

El documento concede un espacio relevante a la piedad popular, presentada como una riqueza de la Iglesia cuando se encuentra adecuadamente orientada. Las romerías, peregrinaciones, vigilias y demás expresiones de devoción aparecen contempladas como manifestaciones de una fe encarnada en la vida cotidiana y capaz de haber atravesado ocho siglos de circunstancias históricas diversas.

Dentro de esta dimensión ocupa un lugar singular la peregrinación al Cerro de la Cabeza. Para el Obispo, subir hasta el Santuario no constituye únicamente el cumplimiento de una tradición heredada, sino que encierra una dimensión espiritual más profunda: «es, en su raíz más honda, una peregrinación al lugar del encuentro, un salir de la vida ordinaria para disponerse a escuchar a Dios».

De ahí que la Carta Pastoral anime a quienes peregrinen al Santuario durante el Año Jubilar a conceder una atención especial a los momentos de silencio, la oración personal y la celebración del sacramento de la Reconciliación, de manera que el desplazamiento físico hasta el Cerro pueda convertirse también en un verdadero itinerario interior.

Un Jubileo para toda la Iglesia jiennense

La convocatoria jubilar trasciende el ámbito de los devotos habituales de la Virgen de la Cabeza. El Obispo extiende expresamente su invitación a sacerdotes y diáconos, familias, jóvenes, cofradías, catequistas, agentes de pastoral, profesores de teología y comunidades e instituciones vinculadas al Santuario, reclamando la participación de los distintos ámbitos que conforman la vida de la Diócesis.

Especialmente significativa resulta la llamada dirigida a quienes se han alejado de la práctica religiosa o mantienen con la Virgen de la Cabeza una relación fundamentalmente afectiva pese a haber perdido su vínculo con la Iglesia. A ellos dedica una invitación expresa: «Este Jubileo es también vuestro», animándolos a emprender el camino incluso cuando todavía permanezcan abiertas preguntas o interrogantes sobre la fe.

La caridad como expresión concreta de la celebración

La dimensión jubilar aparece estrechamente vinculada en la pastoral a la atención a las personas más vulnerables. El Obispo considera que la manera de custodiar tanto el Santuario como la tradición recibida debe manifestarse, entre otros aspectos, en «la hospitalidad con que acojáis a quien llegue» y en «la caridad efectiva con los más pobres».

Con ese propósito, Sebastián Chico Martínez anuncia que la obra de caridad jubilar estará destinada a la Casa Hogar «Andrés Cristino», sostenida por Cáritas Diocesana en Andújar desde 1988. El centro presta acogida a personas autónomas mayores de 65 años que se encuentran en situación de necesidad y desamparo y que, además, no cuentan con familiares cercanos que puedan acompañarlas o prestarles la ayuda que precisan.

Las colectas y aportaciones realizadas expresamente con esta finalidad durante el Centenario serán destinadas a esta obra, estableciendo de este modo un vínculo directo entre la memoria de quienes mantuvieron viva la devoción a lo largo de las generaciones y la responsabilidad contemporánea de cuidar de los mayores que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

Una mirada evangelizadora más allá del Cerro de la Cabeza

El VIII Centenario incorpora también una marcada dimensión misionera. La Carta Pastoral plantea que los frutos de la celebración no deben quedar circunscritos a quienes participan habitualmente en la vida de la Iglesia, sino alcanzar también a quienes se han apartado de la práctica religiosa, a quienes todavía no conocen a Cristo, a las personas migrantes y a quienes afrontan situaciones de soledad o sufrimiento.

La celebración de los ochocientos años adquiere así una perspectiva que mira simultáneamente hacia el pasado y hacia el futuro. La intención expresada por el Obispo es que, una vez concluido el Jubileo, permanezca algo más profundo que el recuerdo de una programación extraordinaria: «una fe más recia, una caridad más viva y una esperanza más firme».

La Puerta Santa se abrirá el 4 de octubre de 2026

El Año Jubilar Diocesano comenzará solemnemente el 4 de octubre de 2026, fecha en la que tendrá lugar la apertura de la Puerta Santa del Real Santuario y Basílica Menor de Nuestra Señora de la Cabeza, en Andújar. El periodo jubilar se extenderá hasta el 8 de diciembre de 2027, solemnidad de la Inmaculada Concepción.

A lo largo de este tiempo será posible lucrar la indulgencia plenaria en el Santuario y, en las fechas establecidas, también en otros templos de la Diócesis que acojan la sagrada imagen de la Virgen de la Cabeza. Entre estos espacios figuran la parroquia de Santa María la Mayor de Andújar y la Santa Iglesia Catedral de Jaén, coincidiendo con las estancias de la imagen en ambos templos.

El 11 y 12 de agosto de 2027 marcarán el corazón del Centenario

Dentro del extenso calendario jubilar sobresale la noche del 11 al 12 de agosto de 2027, cuando se conmemorarán los ochocientos años de la fecha que la tradición sitúa como la de la Aparición de la Virgen de la Cabeza. La Carta Pastoral reclama recuperar esta jornada como uno de los momentos centrales del VIII Centenario, junto a la tradicional Romería de abril.

El programa completo de peregrinaciones y actividades espirituales, pastorales y culturales será presentado progresivamente por la Diócesis conforme avance la celebración.

En las últimas páginas de la Carta Pastoral, Sebastián Chico Martínez pone este tiempo jubilar bajo la protección de la Virgen de la Cabeza y expresa el deseo de que la generación actual pueda incorporarse a la larga cadena de quienes, desde 1227, han proclamado bienaventurada a la Madre del Señor. El propósito último queda condensado en la petición con la que concluye el documento: que diciembre de 2027 no encuentre a la Iglesia jiennense únicamente con el recuerdo de una celebración, sino con una fe fortalecida, una caridad renovada y una esperanza más firme.