Sin duda uno de los momentos que erizan especialmente la piel del cofrade es ese primer toque de cornetas el Domingo de Ramos, anunciando la más que inminente salida del primer paso de misterio por las calles de cualquier ciudad de nuestra bella geografía, precediendo de este modo a la interpretación de la Marcha Real, que tantos sueños inaugura en lo que se refiere a la estación de penitencia que cualquier cofrade vive con su Hermandad -o con una que no es propia- en la calle.
Hablaba de la Marcha Real, aunque, a decir verdad, la utilización de este término parece no ser adecuada en su totalidad. Hablando en términos estrictamente cofrades, alejándonos de terminología musical, se tiende a pensar que la «Marcha Real» es lo que tocan las bandas de cornetas a la salida y recogida, y el «Himno de España» es la partitura que interpretan tanto las agrupaciones musicales como las bandas de música en la salida y recogida de un paso. Lo cierto es que, como apuntaba anteriormente, esto no es del todo correcto.
Y es que el actual Himno Nacional de España, a pesar de las múltiples teorías sobre su origen primigéneo, tiene su localización documental histórica en la llamada «Marcha Granadera», datada del siglo XVIII cuyo autor es desconocido, aunque se ha atribuido a Manuel Espinosa de los Monteros, sin haberse podido confirmar este extremo. Concretamente fue en 1761 cuando se recoge esta «Marcha Granadera» en el Libro de Ordenanza de los toques militares de la Infantería Española. Esta pieza musical se convirtió en el himno nacional español, no por orden de ningún rey, sino por el enorme arraigo popular en los propios ciudadanos de esta época. Así las cosas, el rey Carlos III la declaró Marcha de Honor en 1770, erigiéndose popularmente como el Himno Nacional. Este fue, a grosso modo, el camino que siguió la «Marcha Granadera» para convertirse en Himno Nacional de España y, popularizándose también como «Marcha Real» entre los españoles del siglo XVIII, al ser la música que se interpretaba en los actos a los que asistía la Casa Real española.

En lo que respecta a la obra musical que interpretan las bandas de cornetas a la salida de los pasos, y a la que nos referiremos en adelante como «Marcha Real», ya que su uso está plenamente popularizado en referencia a esta pieza, su origen no es del todo certero, a pesar de que queda fuera de toda duda que no tiene absolutamente nada que ver con aquella «Marcha Granadera» ni las múltiples versiones y arreglos que ha podido sufrir a lo largo de los siglos. Su uso militar bien podría estar motivado por las dificultades técnicas que podía acarrear la interpretación del Himno Nacional para músicos inexpertos, sustituyéndose en algunos casos por esta «Marcha Real» de la que se tiene constancia de haber sonado en algún acto militar como el izado de la bandera de España, estando su origen documental situado a finales del siglo XIX. Una de las primeras constancias sonoras que se tienen de esta «Marcha Real» es en la grabación de un disco de pizarra de Manuel Escacena en el año 1909, en el que el cantaor de flamenco canta una saeta, y antes de comenzar la misma, pueden escucharse algunos acordes de esta «Marcha Real». Por lo tanto, todo apunta a que prácticamente desde su nacimiento, la pieza estuvo ligada a procesiones y actos fúnebres.
Resulta absolutamente necesario recordar la estrecha relación del mundo militar con el religioso en general y con el de la Semana Santa en particular. España ha sido un país tradicionalmente influenciado por la religión católica, y los ejércitos militares, como órgano del estado, han estado muy involucrados en la religiosidad popular, cuya máxima expresión en nuestra tierra es la Semana Santa. En los desfiles procesionales de antaño era habitual que las secciones musicales de diversos regimientos militares fueran las encargadas de poner el color musical a las procesiones de Semana Santa. La banda más reconocida por su trascendencia en la Semana Santa de Sevilla es la del prestigioso Regimiento de Soria nº 9. Por lo tanto, cuando la existencia de marchas procesionales dedicadas a las imágenes sagradas brillaba por su ausencia, las piezas que sonaban tenían clara idiosincrasia castrense, al ser las partituras que dominaban estas secciones musicales de las bandas militares, así como otras obras de procedencia de la música clásica. En definitiva, la «Marcha Real» parece haber sido compuesta para ser interpretada por bandas militares, específicamente en los desfiles procesionales.
Tanto a finales del siglo XIX como a comienzos del XX, autores como Font de Anta, Manuel Farfán, Emilio Cebrián o Eduardo Juarranz, entre muchos otros, comienzan a componer las primeras marchas creadas específicamente para las Hermandades que procesionaban en Semana Santa y a dirigir a algunas bandas militares. Todos ellos, por cierto, con claro origen marcial, por lo que eran plenamente conocedores de la música que se interpretaba en los cuarteles. Ello me lleva a destacar diversas marchas procesionales que fueron compuestas a comienzos del siglo XX y en las que podemos encontrar acordes pertenecientes a la «Marcha Real» de la que venimos hablando durante este artículo.
La primera marcha de la que quien les escribe tiene constancia de que contenga un fragmento de la «Marcha Real» es «Soleá Dame la Mano», compuesta en el año 1918 por Manuel Font de Anta, quien curiosamente no tiene un origen militar como los otros compositores que serán citados. El fragmento de la «Marcha Real» puede escucharse a partir del minuto 2:09, volviéndose a reponer con aires mucho más triunfales en el minuto 5:57 de esta grabación. Al escuchar esta obra, inspirada en una saeta que se le cantó a la Esperanza de Triana por parte de un preso de la cárcel del Pópulo, el gran músico Stravinsky dijo en su visita a la Semana Santa de Sevilla en 1921 la célebre afirmación: “estoy escuchando lo que veo, y estoy viendo lo que escucho”.
En la marcha «Rey de Reyes», compuesta por Mariano San Miguel Urcelay, clarinetista vasco que perteneció a diversas bandas militares, también se puede escuchar el fragmento de la «Marcha Real». En esta interpretación por parte de la Banda de Música del Carmen de Salteras, puede escucharse en el minuto 1:06 aproximadamente, repitiéndose en el 2:33 y 4:29 por la voz de cornetas.
También podemos mencionar la archiconocida marcha «Procesión de Semana Santa en Sevilla», compuesta en el año 1922 por el militar aragonés Pascual Marquina, siendo la única marcha procesional que compuso. A partir del minuto 1:21 puede escucharse el mencionado fragmento de la «Marcha Real», repitiéndose en el minuto 3:00 en esta magnífica interpretación de la Banda de Música del Maestro Tejera.

En otra de las grandes marchas de nuestra Semana Santa, «La Esperanza de Triana», compuesta en el año 1925 por el maestro Manuel López Farfán, músico militar sevillano, podemos escuchar acordes de la «Marcha Real» a partir del minuto 1:35 de esta interpretación de la Banda de Música de Julián Cerdán de Sanlúcar de Barrameda, en una voz secundaria a la melodía principal. En el año 1943, Emilio Cebrián, prestigioso músico también militar nacido en Toledo, compone la marcha «Jesús Preso», dedicada al titular cristífero de la Hermandad de la Vera-Cruz de Jaén. En ella se puede escuchar una clara alusión sonora a la «Marcha Real» a partir del 5:11, que se prolonga con especial dulzura para poner la guinda a esta bella y solemne obra. Ya en el año 1949, el no menos maestro Germán Álvarez Beigbeder compone la marcha «Amargura», dedicada a la dolorosa jerezana con tal advocación, pudiéndose escuchar la característica melodía de la «Marcha Real», que se ensambla perfectamente en el desarrollo de la obra, a partir del 1:41.
Por ofrecer una visión más completa del panorama musical cofrade, y a pesar de que a buen seguro se han obviado por desconocimiento otras piezas que incluyan fragmentos de la «Marcha Real», no conviene olvidar la popularísima marcha «Silencio Blanco», compuesta por Julio Vera, director de la Banda de las Tres Caídas de Triana durante las últimas décadas, en el año 1988, estando dedicada al titular cristífero de la Hermandad de la Amargura. En el minuto 2:54 comienzan a sonar unos toques de corneta en clara alusión a la «Marcha Real», sirviendo de este modo de acompañamiento acórdico al característico solo de corneta que se puede escuchar en primer plano.

Hablando sobre la cuestión que afecta a por qué es adoptada como la primera marcha que suena por parte de las bandas de cornetas y tambores, en lugar del Himno Nacional, no existe documentación clara al respecto. Sin embargo, lo más razonable es pensar que la Banda del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga, cuyo origen se sitúa en 1912, y que fue la madre y maestra de este nuevo estilo musical que tanto ha brindado a la Semana Santa, es responsable de su utilización sustituyendo al Himno de España a la salida y recogida de los tronos. Más si cabe teniendo en cuenta que Alberto Escámez, tan relacionado con la formación malagueña, y que además fue el padre personificado del estilo de la corneta y el tambor, componiendo las primeras marchas procesionales específicas de este género, tenía clara ascendencia militar, ya que cursó sus estudios musicales en el Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey nº 1 de Madrid, donde de igual forma recibió formación marcial. Por lo tanto, y teniendo en cuenta lo que se ha venido apuntando durante este artículo de la relación entre las bandas militares y la Semana Santa, y la interpretación de piezas simples de origen marcial, entre las que a buen seguro se encontraba la «Marcha Real», todo parece indicar que su interpretación a la salida y recogida de las imágenes sagradas bien podría haberse popularizado a raíz de la legendaria formación malagueña, única precursora del estilo, y que fuera adoptada paulatinamente por las distintas bandas de cornetas y tambores que fueron surgiendo con el paso de las décadas, si bien este extremo no puede confirmarse al cien por cien. Por otra parte, el Himno Nacional de España seguiría interpretándose por parte de las bandas de música de plantilla completa, quizá con una mayor formación musical que produjo, como consecuencia, y amén de la expansión del patrimonio musical tanto de las marchas para banda de música como para bandas de cornetas y tambores, que el sendero de la música procesional se bifurcara cada vez de manera más diferenciada hasta desembocar en la situación actual del panorama cofrade, con la inclusión del estilo de la agrupación musical a partir de finales de la década de los sesenta. Un nuevo estilo que, como bien es sabido, adoptó el Himno Nacional como la pieza que se interpreta a la salida y recogida de los pasos.
La conclusión que se desprende de todo lo comentado es que el origen de la «Marcha Real» es claramente militar, que comenzó a poderse escuchar en las procesiones de finales del siglo XIX y comienzos del XX interpretadas por las bandas militares, que acompañaban a los pasos en aquella época. Además, diversos y reconocidos compositores de marchas procesionales han incluidos en múltiples ocasiones fragmentos de la «Marcha Real» en composiciones que forman el esqueleto del universo de la música cofrade de nuestra tierra, quizá a modo de homenaje hacia esas raíces castrenses que muchos poseían, o quizá en alusión a los recuerdos de niñez de muchos de ellos en las procesiones de Semana Santa y los recuerdos sonoros que pudieran tener o, más seguramente, por una mezcla de las dos cuestiones anteriores. Su interpretación -y quizá su título popular- por parte de las bandas de cornetas y tambores, a la salida y recogida de los pasos, bien podría estar encaminada a exaltar la realeza de Jesús y María a través de estos acordes marciales.
Más allá del origen de la «Marcha Real», que ha sido ampliamente analizado, en función de algunos documentos que han sido consultados, lo cierto es que su interpretación es el sueño que el cofrade desea vivir cada Semana Santa, ya que marca el comienzo de las horas más bellas de cada año en las que, de un modo u otro, acompaña a sus venerados titulares en la salida procesional de la Hermandad por las calles de cualquiera de las ciudades de nuestra bendita tierra. No existe motivo por el que avergonzarse debido al origen castrense de esta obra que ocupa un lugar tan importante en el corazón del cofrade, y es que conviene recordar una vez más que, antes que las bandas de Semana Santa tal y como las conocemos actualmente, divididas en cornetas y tambores, bandas de música y agrupaciones musicales, además de los tríos de capilla, el acompañamiento musical de los pasos corría a cargo de las secciones musicales de los regimientos militares. Aquellos orígenes castrenses nos han llevado al lugar en el que se encuentra el patrimonio musical cofrade en la actualidad, que tanta riqueza ha incorporado a nuestra tierra en todos los sentidos. Debemos sentirnos orgullosos de ello, por lo tanto.





