En los últimos tiempos hemos sido testigos de numerosos ataques que, de un modo u otro, han afectado a los católicos de toda España. Ataques perpetrados por determinados elementos de la sociedad que odian todo aquello que no respetan ni comprenden y que ponen de manifiesto, de múltiples maneras, su antidemocrático rechazo y su menosprecio hacia las minorías y la religión en general y las cofradías en particular.
Una cristianofobia y una persecución hacia todo lo que huele a incienso que ha provocado pintadas, ataques con objetos incendiarios e incluso agresiones físicas perpetrados en los cuatro puntos cardinales de la geografía española. Situación que ha obligado a Hermandades y Cofradías de toda España adoptar medidas extraordinarias para salvaguardar la integridad de su patrimonio, seriamente amenazado por una situación que, lejos de aminorar, va in crescendo en una alarmante progresión geométrica.
Un nuevo ejemplo de cómo esta situación está afectando al libre funcionamiento de las hermandades que configuran el universo cofrade lo ha protagonizado la Hermandad del Pilar de Sevilla, que acaba de anunciar, a través de sus medios oficiales de comunicación, que este año no se adornará la torre de su sede canónica, como tradicionalmente se viene haciendo, con los colores de la bandera española.
Ella obedece a un mandato del párroco ante el temor de que dicha expresión de patriotismo pueda derivar en ataques al templo. La Hermandad, como no podía ser de otro modo, acatará la decisión del párroco que impedirá que la torre de la parroquia luzca con los colores de España que son al mismo tiempo los de la corporación lefítica.





