El recuadro de César | Crónica de una Semana para olvidar

De todo lo vivido y visto en esta Semana Santa, lo que menos me preocupa es el agua. Al fin y al cabo el agua es necesaria. Otras cuestiones no.

No es necesario el publico Kofrade, devoto de corneteo, penitente de tal o cual banda, que ora por escuchar tal marchar y que el pasaje de la Pasión que se representa en el paso es solo un aderezo que acompaña a la banda.

No es necesario el Nazareno con pulsera de Cruzcampo, ni con deportivas, ni con uñas pintadas…

No son necesarias las ‘petalá’ fuera de lugar y de formas. Tengan o no tengan Juntas.

No son necesarios aquellos que pitan en señal de protesta porque tal paso discurre sin la marcha o el movimiento esperado.

Tampoco son necesarios aquellos rancios que vigilan con lupa las decisiones tomadas por las Juntas de Gobierno, deseando que se equivoquen para escupir toda la bilis que llevan dentro contra esa hermandad.

Innecesarios son aquellos que directamente desprecian a tal o cual hermandad por no ser rancias, como ellos se lo dan. Estoy seguro que solo es apariencia. En su fondo desean ver un cambio en un paso.

Y es que, faltándome especímenes por nombrar, entre todos ellos están matando nuestra Semana Mayor.

Con lo bonita que era aquella Semana Santa de los ochentas y noventas que eran populosas pero sin el desmadre actual.