Quien tiene la inmensa , la infinita fortuna de potenciar con la magia de sus manos la belleza de una imagen devocional, ejerciendo el arte de vestir, es plenamente consciente de que entre el vestidor y la imagen se crea una relación singular que únicamente comprenden quienes se encuentran cara a cara con la divinidad.
Una vinculación indescriptible que propicia que la interrelación que se construye trascienda de la meramente devocional y termine mutando en una más parecida a que se tendría con una Madre e incluso una amiga. Una vinculación que encierra y atesora conversaciones privadas, vetadas para el común de los mortales y confidencias que se atesoran en lo más profundo del alma… para siempre.
Una nueva muestra de esta especial vinculación fue puesto de manifiesto durante el pasado triduo en honor de la dolorosa mercedaria. Y es que la Santísima Virgen recibió un regalo de su vestidor Antonio Villar con motivo del 800 aniversario de la fundación de la Orden de la Merced. Se trata de una correa para el hábito mercedario de terciopelo negro realizada por Villar con bordados antiguos, que la Virgen volverá a lucir en su inminente procesión extraordinaria.





