El retablo de la Esperanza: de Osuna a Triana

Torre de la iglesia de la Merced

Quien haya visitado Osuna podrá comprobar la riqueza que atesora a lo largo de los siglos. La colegiata, el monasterio de la Encarnación o las parroquias e iglesias que se dispersan por la ciudad dan buena cuenta de ello, sin olvidar los palacios o a cilla del cabildo catedral, en una de las calles con más encanto del sur de España, la de San Pedro. Precisamente próxima a la colegiata y al monasterio de la Encarnación, se encuentra la iglesia de la Merced, de la que podemos contemplar su torre sobresaliendo de entre las casas por la carretera que nos lleva hacia la colegiata.

Si viajamos en el tiempo debemos detenernos en una fecha, la del 30 de diciembre de 1758, cuando los cofrades de la Esperanza deciden comprar unas casas en la calle Larga para erigir una capilla. La corporación trianera residiría allí desde 1815 hasta 1868, cuando estalla la revolución conocida como la “Gloriosa”. La capilla es expropiada y sacada a subasta. Antes de que estallara este capítulo convulso de nuestra historia reciente, la hermandad de la Esperanza de Triana se había interesado ya por 1854, en el retablo mayor del convento de Belén, ubicado en la zona norte de la Alameda de Hércules. Las monjas que habían residido en este cenobio se encontraban en Santa Ana, y se trasladaron a San Leandro cuando estalla la revolución en septiembre de 1868.

Esta revolución, que dio comienzo al conocido sexenio democrático, acabó llevándose por delante no solamente gran parte de la muralla que rodeaba el casco antiguo de la ciudad o algunos de los edificios emblemáticos de la ciudad, como el convento de Belén, sino una parte de la historia reciente. En lo que respecta a la hermandad de la Esperanza de Triana, no conseguiría hacerse con el retablo mayor del convento de Belén, pues las monjas lucharon por quedarse con parte del patrimonio del convento desaparecido. En 1875, las monjas regresan al convento de Santa Ana, pero el retablo terminaría en Badolatosa, que posteriormente fue pasto de las llamas.

Jesús Caído y la Virgen de los Dolores en Santo Domingo

Mientras tanto, la hermandad de la Esperanza marcharía hasta San Jacinto, mientras que su capilla fue convertida en un templo de culto anglicano. Hasta 1953, la corporación de la calle Pureza no regresaría a su casa. El inmueble fue donado por Carlos Jorge Wellton, por un precio simbólico de 17.000 pesetas. Comenzaba entonces un proceso de reformas que se extendería en el tiempo más de lo pensado. En 1961 adquieren el artesonado de estilo mudéjar del desaparecido colegio Villasís. Sin embargo, quedaba por delante hacerse con un retablo mayor donde ubicar a la Virgen.

No muy lejos de Sevilla, en Osuna, el 12 de marzo de 1964 se desplomaba la bóveda del presbiterio de la iglesia de la Merced. Este templo, una de las joyas que tuvo Osuna, soportó durante bastantes meses las lluvias que habían caído en la zona. Tanto que no pudo aguantar más y acabó cediendo. Gran parte del patrimonio acabó perdiéndose, aunque las imágenes de la mercedaria hermandad fundada en 1705, la de Jesús Caído y la Virgen de los Dolores, acabarían siendo trasladadas a la iglesia de Santo Domingo, en la calle Cervantes. También se salvó el retablo.

El retablo tras el desplome de la bóveda. En la segunda fotografía, ya en la Capilla de los Marineros

Esta noticia apareció en algunos de los medios de comunicación de la época y los hermanos de la Esperanza de Triana conocieron esta noticia. A la corporación llega esta información gracias a Félix Pelayo López. Fue entonces cuando contactan con el arzobispado, con la finalidad de adquirir el retablo mayor de la iglesia ursonense. El hermano mayor, Francisco Fernández Muñoz, se dirige al cardenal Bueno Monreal, un 19 de mayo de 1964, solicitando la adquisición del retablo que se encontraba a la intemperie en la iglesia del convento de la Merced. Antes, los hermanos habían visitado varios pueblos, en una búsqueda infructuosa por sustituir el dosel que cobijaba a la dolorosa. Desde entonces comienzan los procedimientos para adquirir el retablo, asunto que no estuvo exento de polémica, pues los habitantes de Osuna mostraron su rechazo hacia los cofrades de la Esperanza, quienes vieron en el retablo mayor la joya que acogería a la Esperanza y que, a pesar del desplome, permanecía intacto, con las imágenes de San Ramón Nonato y San Pedro Nolasco, entre otros santos mercedarios.

Finalmente, el retablo llega a Triana, es sometido a una restauración y es bendecido en la capilla de los Marineros el 23 de mayo de 1965. Una obra de Francisco María de Ceiba, máximo exponente del arte retablístico del XVIII en Osuna, llegaba a la capital hispalense para acoger a la gran devoción mariana del viejo arrabal.