El rincón de Costal Hero | El photocall y las ganas de salir en la foto

¡Tos por igual, valientes! ¡A esta es!

Mi arma, hay gente que tiene una afición al protagonismo que ni las estrellas de Hollywood cuando pisan la alfombra roja. Basta con que se organice cualquier acto para que algunos no puedan resistirse a colocarse estratégicamente delante del objetivo, no vaya a ser que la cámara pase de largo y se queden sin su correspondiente ración de gloria. ¡Hay quien no ve un photocall, sino una oportunidad de ascenso en el escalafón de la fama! Lo curioso es cuando en una fotografía aparecen quienes ostentan determinadas responsabilidades junto a personas que desempeñan su trabajo en la institución, todos mezcladitos, como si compartieran idéntica condición y atribuciones. Y uno, que es de natural preguntón y suele observar estas cosas Cruzcampo en mano, no puede evitar plantearse: ¿desde cuándo el desempeño de un empleo viene acompañado de un cargo representativo? Que nadie se confunda: trabajar merece respeto, reconocimiento y, por supuesto, su correspondiente nómina a final de mes. Pero una cosa es cumplir profesionalmente con una función y otra muy distinta es ejercer responsabilidades de gobierno. ¡Que el contrato no trae de regalo una vocalía, una vicepresidencia ni un pase VIP para todas las fotografías oficiales! Aunque, bien pensado, si después del posado cae algún regalito, una bolsita de recuerdos, algún detalle conmemorativo o, puestos a pedir, un billetito para viajar gratis a cuenta de la casa, lo mismo el photocall empieza a tener más atractivo que una barra libre en una caseta de feria. ¡Miel sobre hojuelas, mi arma! ¡Noniná, si al final va a resultar que el mejor sitio de un acto es el que queda justo delante del fotógrafo!

Y aquí viene lo verdaderamente entretenido del asunto, porque el protagonismo es una tentación muy humana, pero también hay jefes que parecen haber perdido el manual de instrucciones para distinguir las funciones de cada cual. A lo mejor es que algunos disfrutan demasiado de verse en la foto, o quizá quienes tienen que poner orden prefieren mirar para otro lado, sabe Dios por qué. Porque, vamos a ver, mi arma, para eso están los cargos, las responsabilidades y los organigramas: para saber quién representa a una institución, quién la dirige y quién presta sus servicios profesionales. No hay desdoro alguno en ser trabajador, faltaría más, pero tampoco hace falta disfrazar de representación institucional lo que pertenece al ámbito laboral. Que una cosa es arrimar el hombro y otra arrimar la silla al lado de quienes tienen que tomar las decisiones. Como sigamos por este camino, cualquier día vemos al técnico de sonido compartiendo atril con la presidencia, al encargado de mantenimiento encabezando la comitiva y al repartidor de paquetería recibiendo honores por su fidelidad al servicio. Y si además les dan una bolsa con recuerdos, una estampa, un catálogo y un obsequio conmemorativo, aquello ya no será una jornada de trabajo, sino una excursión organizada con derecho a merchandising. ¡Al de la máquina del café, directamente, le reservamos una medalla de oro, que sin él no hay reunión que aguante tres horas! Esto ya no es una cuestión de protocolo, es una corrida de puestos: unos salen por la puerta grande y otros se apuntan hasta al paseíllo sin haber pisado el ruedo.

Así que Costal Hero lanza una pregunta al aire, sin nombres, sin señalar a nadie y con la guasa que merece el asunto: ¿por qué hay quien parece necesitar salir en todas las fotografías y por qué quienes dirigen determinadas instituciones no siempre saben colocar a cada cual en el lugar que le corresponde? Que nadie confunda esta reflexión con una falta de consideración hacia los trabajadores, cuyo cometido es tan necesario como el de cualquier otro profesional. Lo que resulta difícil de entender es esa confusión entre el desempeño de un empleo y la representación institucional. El protagonismo no se cobra en nómina, ni la nómina concede protagonismo institucional. Y si a alguien le cuesta distinguir ambas cosas, quizá convendría regalarle un organigrama enmarcado, con una flechita bien grande que indique dónde empieza cada responsabilidad y dónde termina la tentación de salir en la foto. Aunque, puestos a repartir, que no se olviden de los regalitos: ya que uno se hace el posado, por lo menos que se lleve una bolsa bien apañada y, si hay suerte, algún viajecito con gastos cubiertos. ¡Que esto parece más una gala de premios que un acto institucional, con photocall, catering y bolsa de bienvenida! Y a este paso, el próximo que llegue sin salir en la foto va a tener que pedir la confirmación de alternativa para poder entrar en el salón.

¡Ahí quedó!