Una antigua ermita en la calle Montero, hoy taller de carpintería, guarda entre sus recuerdos siglos de espiritualidad y patrimonio ignorado
Gracias a la labor de divulgación de la cuenta de Instagram La Córdoba Olvidada, ha salido a la luz una de esas historias que el tiempo y el silencio parecían haber sepultado. En pleno casco urbano cordobés, en la discreta calle Montero, sobrevive oculto bajo la apariencia de un taller de carpintería lo que antaño fuera la ermita de Nuestra Señora de las Montañas, un enclave profundamente ligado a la vida espiritual de la ciudad.
El investigador Ramón Arellano apunta que este inmueble, hasta el año 1831, funcionó como hospedería urbana de los ermitaños del Desierto de Belén, conocidos como Las Ermitas de Córdoba. Este uso original, de carácter eremítico, podría estar en el origen del singular nombre mariano que presidía el templo: Nuestra Señora de las Montañas.

Tras la marcha de los ermitaños, el templo pasó a manos de una cofradía del Rosario, que conservó la advocación primitiva. No obstante, la historia del lugar se vio abruptamente alterada por la desamortización de Mendizábal en 1836, que conllevó el cierre del hospicio. La iglesia, sin embargo, continuó abierta hasta la década de 1950, convirtiéndose en sede de una cofradía sacramental que con el tiempo se fusionaría con otras corporaciones de la feligresía de San Lorenzo Mártir.
La imagen mariana que presidía esta olvidada ermita —una dolorosa de notables proporciones, probablemente datada entre finales del siglo XVII e inicios del XVIII— se conserva actualmente en la nave de la epístola de San Lorenzo, situada junto a la Virgen de los Remedios. El altar en el que se venera fue enriquecido con elementos heredados de la antigua hermandad sacramental y transferidos posteriormente a la Hermandad del Calvario.

La familia Rabasco Aguilar custodia un valioso testimonio gráfico de esta advocación: una antigua fotografía de la imagen mariana, posiblemente tomada en el patio de la ermita o en la casa parroquial de San Lorenzo, en la que aparece ricamente ataviada con manto de brocados y sedas, escoltada por cuatro hachones sobre pedestales tallados en madera. Otra estampa, también conservada en esta colección, presenta a la Virgen engalanada con voluptuosas blondas, en el estilo propio de las glorias cordobesas de mediados del siglo XX, junto a una frase que revela el cariño popular con que era venerada:
«Cuando vengas del campo, tráeme romero».
Hoy, del antiguo esplendor de la ermita solo permanece su fachada original, con el óculo central aún visible, aunque en el interior se escuchen los ecos de una carpintería. La imagen de la Virgen —aunque cuidada con esmero en su vestimenta— reclama una intervención urgente que devuelva la dignidad artística y devocional a una talla que forma parte del alma histórica de la ciudad.

Recientemente, varias copias de estas fotografías han sido donadas tanto a la parroquia de San Lorenzo como a la Hermandad de Remedio de Ánimas, con el fin de preservar en sus archivos este legado gráfico.
La historia de la Virgen de las Montañas es una de tantas que, gracias al empeño de iniciativas como La Córdoba Olvidada, vuelve a ocupar el lugar que merece en la memoria colectiva. Córdoba, ciudad de silencios y secretos, debe mirar con otros ojos el tesoro de su pasado y responder con acciones a la llamada urgente de su propio patrimonio.





