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El Respiradero, Opinión

El Señor de los mostradores de la calle Francos

Hay libros que marcan la juventud y para mí uno de esos libros fue ‘Las cabañuelas de agosto’ del maestro Antonio Burgos. En sus páginas hablaba sobre la historia de unos jóvenes sevillanos que en la flor de la vida se encontraron con el desorden de la República en una Sevilla que olía a cenizas de iglesias quemadas. Uno de ellos era Paco Fuentes, un estudiante que tuvo que dejar Sevilla para irse con el requeté al frente.

Paco Fuentes vivía con sus padres en la calle Francos en los años de las sábanas blancas colgadas de los balcones. Compaginaba sus estudios con su afición a escribir. Aunque gran parte de su tiempo se lo llevaba la amistad que compartía con Guido Flores, el hijo de una familia aristócrata venida a menos del barrio de San Vicente. Juntos vivían las tradiciones de Sevilla en tiempos convulsos donde la Estrella fue la única en salir.

Recuerdo en las páginas de ‘Las cabañuelas de agosto’ que se hacía referencia a las cofradías de estos chavales. Guido con su hermandad de la Quinta Angustia. Apellidos nobles bajo el terciopelo morado del Jueves Santo, el único día del año que se rozaban con la gente de los barrios que venían a sacar el paso. Mientras Paco Fuentes era de la hermandad de Pasión. Aquel Nazareno que desde pequeño veía en el mostrador de la tienda de su abuelo en la calle Francos.

Hace unos días la literatura se fundió con la realidad. Paseaba por Francos con un amigo que me invitó a entrar en la pequeña tienda de Cordonería Alba. Allí donde no pasa el tiempo, llenas las estanterías de cordones y tallas, me acerqué al mostrador y entre un metro y tijeras estaba una estampa del Señor de Pasión.

Automáticamente me acordé de Paco Fuentes. Y supe que aunque la ciudad había cambiado en todo después de tantos años. Su esencia seguía en los mostradores de la calle Francos como si no pasara el tiempo entre las estampas del Nazareno de Martínez Montañés.

En estos años de juventud me he acordado mucho de Paco Fuentes. Me veo a mí y a mis amigos en este personaje. Veo a mi abuelo e incluso veo a Rafael Montesinos. Joven requeté y devoto de una Virgen romántica del centro como este chaval de la calle Francos.

Seguirán pasando los años y aunque el mundo siga cambiando. Habrá en Sevilla algún Paco Fuentes y siempre sobrevivirá algún comercio de la calle Francos que guarde un estampa de Jesús de la Pasión. Cuyas manos tiene los mismos trazos de las manos del abuelo de Paco Fuentes que le enseñó la devoción y el pulso de Sevilla que está en el talón de cedro que tiene la misma manera de los mostradores de la calle Francos.

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