El «Sí, bwana» de la avalancha

Confieso que he tenido que dejar pasar varios días para asimilar lo sucedido. Un cofrade curtido en “carreritas” como las del 2000, 2005 y 2015, teniendo que dejar pasar días para escribir sobre lo acontecido se antoja raro e inaudito si no fuese porque he preferido hacer una lectura contemplativa, alejada de contaminaciones y elucubraciones. He optado por el mutis, aunque con la “jindama” en el cuerpo, se lo confieso. Viendo Montserrat de regreso y por Molviedro, horas después de lo sucedido, sonó un grito en la lejanía y estas manos con las que escribo volvieron a temblar de pánico, lo mismo que el giro vertiginoso de cientos de cabezas que miraron para atrás; pensando “otra vez”, aunque no, no sucedió nada.

Hablando del suceso que nos atañe, creo que es hora, si me permiten el símil taurino, de “coger el toro por los cuernos” y aunque no se deba indicar con el dedo a los culpables del atropello acontecido, portada de periódicos y televisiones nacionales, deberíamos al menos, desdecirnos de esos verdugos que hasta ayer, hemos querido creer que son los verdaderos culpables. Digo hemos querido creer o nos están haciendo creer, pues no hay nada más sevillano que guardar una cola sin saber pa qué, ni nada más divertido que extender un bulo y más si viene desde las altas esferas del sillón de la Plaza Nueva. Llevamos días hablando del senegalés que gritó en Reyes Católicos allahu akbar, que después de su detención y posterior multa, seguimos queriendo creer que ese es diablo en persona; el Belcebú de la avalancha y el Lucifer de las estampidas cofradieras. Por señalar, que aquí nos gusta mucho, nos vamos a llevar indicando con el dedo al senegalés hasta el año que viene y ya tendremos al malo de la película. Nada de pensar en que si realmente tuviera alguna relación directa o indirecta con células terroristas; primero, no estaríamos aquí más de uno y segundo, no estaría en casa cuatro días después.

¿Y si fue algo coordinado? Bien. Hemos llegado al quid de la cuestión. No hay sevillano, ni andaluz ni español que no piense que fue algo premeditado menos el Ayuntamiento, que después de las reuniones con los Hermanos Mayores de las Hermandades de la Madrugá y con el Consejo de Hermandades y Cofradías sigue erre que erre con la cantinela “son actos vandálicos, de gamberros y sin conexión entre sí”.  Claro, porque desde la calle Arfe hasta las Dueñas, con más de un kilómetro y medio de distancia, una ola de pánico se pega en cuestión de minutos, provocando una estampida que irrumpe en todas las cofradías de la jornada, incitando a que salgan despavoridos nazarenos, menores, personas mayores o arrasen con los músicos de la Banda de San Juan Evangelista o la Juvenil de las Angustias. Estas aseveraciones oficiales, permítanme que les diga, no se las cree nadie, como nadie espera encontrar a los verdaderos culpables del detonante, que todavía se estará preguntando, pero entonces, ¿quién fue?

“Pasará como en el año 2000, que todo el mundo sabe quién fue y nadie se atreve a decir la verdad, se quita de en medio al jefe de la Policía Local y al Subdelegado del gobierno y aquí no pasa nada” es el tuit-pensamiento más generalizado y que puede darnos la pista de las maniobras políticas que pueden llegar a hacerse. Piense por ejemplo que la Semana Santa es la fiesta del pueblo que además de aglutinar los sentimientos religiosos/culturales de cada uno, también revierte cantidades ingentes de euros e incluso se puede transformar en lanza política si se quiere. Se puede inteligentemente adulterar las informaciones y culpabilizar al “vandalismo de la Madrugá”, inclusive se puede cargar contra los partidos más de izquierdas y más cuando el Viernes Santo fue catorce de abril, abanderar la intolerancia, aumentar las leyes restrictivas como “la ley seca” en Semana Santa, que de cumplirse puede dar al traste con un buen puñado de bares y puestos de trabajo en vez de aumentar las posibilidades de diversión fuera del casco urbano y lo que es más peligroso: promover mayor poder para futuros años a quien ha fracasado en su intento de velar por nuestra defensa. Ni una sola voz contra el Centro de Coordinación Operativa tras lo ocurrido y tras la reunión con las Hermandades mucho menos. Falta la alfombra roja al gobierno local y falta también movilización ciudadana, sin tinte político. Que se note que la Semana Santa nos duele y no dejemos que se oculten las informaciones, que ya está bien del “sí, bwana”, al menos por los que corrieron, por los que se quedaron pegados a la pared, por los músicos que llorando suspendieron su estación de penitencia o por los nazarenos que se fueron o por los que se quedaron. Pidamos responsabilidades por el que lloraba desconsoladamente, por los hospitalizados tras la avalancha o por los niños que vieron rota su ilusión. Que no nos tomen por lo que no hemos sido nunca. Caiga quien caiga y si tienen siglas; también.


José Vega de los Reyes. Trabajador Social, máster en mediación y Community Manager. Comunicador y columnista en Diario 16. Dirigió la revista digital “El Rinconcito Cofrade”.