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Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

El Silencio Blanco… silenciado

En ocasiones, algunas realidades se llevan a extremos tales que hacen que éstas se distorsionen, tergiversen y perviertan. Nuestra realidad, en este caso, es la manera en la que se nos ha conocido desde prácticamente el año de la fundación de la Hermandad: El Silencio Blanco. Este sobrenombre nació de los devotos y de quienes presenciaron aquel primer desfile procesional de 1937 por la seriedad y compostura de unos nazarenos que vestían de un blanco poco común en las comitivas de aquellos tiempos.

Y esta manera de conocernos nos ha acompañado a lo largo de nuestra Historia, teniéndola como algo asimilado e intrínseco a nosotros, pero que no hace referencia a nada más que nuestra manera de realizar nuestra Estación de Penitencia. Para el resto de días que componen el año, los hermanos de la Misericordia no tienen por qué permanecer en silencio; y mucho menos que nos impongan ese silencio.

Esta situación es la que se ha ido cocinando desde hace unos meses en el seno de la Hermandad de la Misericordia ante las próximas elecciones a Hermano Mayor. Desde el oscurantismo y el secretismo. Y ya está lista para servirse. Voy a decirlo de forma clara, tal y como se me indicó a mí personalmente: los Hermanos de la Misericordia no van a poder votar en las próximas elecciones a Hermano Mayor con libertad.

¿Cómo se puede llegar a afirmar esta barbaridad? En unos tiempos en los que conceptos tales como libertad, democracia, capacidad para elegir están tan enraizados en nuestra sociedad desde hace tantos años hay quien piensa que las hermandades tienen una vida al margen de esa sociedad, con una forma de vivir, sentir y actuar que no tiene por qué adecuarse a las más mínimas normas y principios de nuestro ordenamiento jurídico.

Y esa opinión sobre la manera de regirse las hermandades al margen de los principios sociales más básicos la hemos asumido en los estatutos de cada Hermandad al momento de poner, por encima de la voluntad de los hermanos, la decisión personal e infalible de una sola persona, por lo general situada muy al margen de esa hermandad, que es quien decide unilateralmente (cuando no aconsejado por algunos hermanos interesados en mantenerse en el sillón) quién puede o no ser candidato a ser elegido Hermano Mayor.

Ciegamente, las propias hermandades nos hemos puesto bajo la decisión última de una persona, con sus virtudes y sus defectos, con sus preferencias y con sus ínfulas de un poder que le ha sido prestado. Y no hemos visto que lo que hoy está de tu lado mañana puede dejar de estarlo. Quien hoy te apoya, mañana puede darte de lado. En quien hoy buscas un ascua a la que arrimar tu sardina mañana puede hacer que pases mucho frío y hambre.

El próximo mes de octubre se celebrarán elecciones a Hermano Mayor en la Misericordia. Un proceso que siempre se ha desarrollado en el seno de esta corporación con la mayor de las naturalidades, sin intrigas ni malas artes. Incluso en la ocasión en la que concurrieron dos candidatos, en el año 2000, ambos pudieron desarrollar sus proyectos y presentar sus candidaturas, con el cumplimiento de los requisitos establecidos en aquel momento por la normativa de la Hermandad y del Obispado. Y así afrontábamos un numeroso grupo de hermanos este nuevo proceso electoral. Con la ilusión y la energía ante un proyecto nuevo y fresco, de apertura a los hermanos y a Córdoba, ambicioso pero realista.

Todas estas ilusiones se han visto truncadas cuando, pese a cumplir con la totalidad de los requisitos necesarios para presentar una candidatura a Hermano Mayor, el Consiliario, D. Antonio Jurado, se ha negado a dar el visto bueno a todo aquel candidato que no sea el actual Hermano Mayor.

Los motivos aducidos son los siguientes (y van entrecomillados por ser textual lo que indico):

1. “Yo no quiero que las cosas cambien porque todo va muy bien”.

2. “Yo a ti no te conozco” (refiriéndose a mí, como candidato y como hermano de la Misericordia desde hace 48 años).

3. «Me han contado de ti que…»

4. “Yo no sé a quién llevas en tu equipo y no los conozco y, sin embargo, a los que están ahora los conozco”.

Y ante la pregunta que se le hizo a este respecto: ¿pero esto no deben decidirlo los hermanos?, su respuesta fue: “A mí me da igual lo que digan los hermanos. Pueden ir a votar lo que quieran, pero como sólo le voy a dar el visto bueno a Maqueda, pues que voten lo que quieran”.

Ésta es la situación por la que no ha sido posible presentar candidatura alguna a las próximas elecciones. Pese a cumplir con todos los requisitos establecidos: Antigüedad de más de 5 años en la Hermandad (48 años). Haber sido miembro de Junta de Gobierno (miembro en dos Juntas). Residir en Córdoba. Presentar el aval de un mínimo de 33 hermanos (contamos con más de 100 avales firmados). Declaración jurada de la situación familiar de los miembros de la Junta. Salvo uno: contar con el visto bueno del Consiliario.

Las elecciones no se ganan de esta manera. Impidiendo que haya otros candidatos. Las elecciones se ganan presentando proyectos, ilusionando a los hermanos, escuchándolos y haciéndoles partícipes de la vida de la Hermandad. Luego se obtendrán más o menos votos, pero que sean los Hermanos de la Misericordia quienes se pronuncien, y no sean SILENCIADOS.

Éste será un Hermano Mayor deslegitimado e impuesto por un Consiliario porque estas elecciones han sido manipuladas y pervertidas desde dentro en colaboración con el ex consiliario de la Hermandad, un Lobo vestido de Pastor, como dijo un buen amigo hace poco.

Este carácter que está vistiendo de oscuro a la Hermandad de la Misericordia no hace más que acrecentar el número de hermanos aletargados, decepcionados y desalentados, que cada vez aparecen y participan menos en la vida de la hermandad; cuando no causan baja como hermanos ante la perspectiva que se les ofrece.

Sólo pretendíamos traer un soplo de aire a la Hermandad. Haber podido tener la oportunidad de intentarlo, y que los hermanos decidieran libremente. Poder desarrollar un proyecto ilusionante y ambicioso. Y abrir la Hermandad. Pero no nos han dejado ser libres y decidir. A ninguno de los Hermanos de la Misericordia.

Por último, sólo indicar que todas las palabras dirigidas a mí por parte del Consiliario son demostrables, por si alguien tiene la tentación de desmentirlas.

Hay algo que nadie podrá ni tan siquiera hacer disminuir un ápice, a pesar de todas estas circunstancias: el amor a la Hermandad de la Misericordia y la Devoción a Nuestros Sagrados Titulares. Eso está por encima de todo, y es lo que hace que no se emprendan acciones encaminadas a impugnar un proceso electoral herido y manchado desde su nacimiento. Pero no se aprovechen de la buena fe y del amor a una Hermandad para hacer de su capa un sayo y manejar los designios de una Hermandad a su antojo. No olvidemos nunca que una Hermandad es la devoción, la ilusión, las ganas y la energía de todos y cada uno de los que forman parte de ella. Y eso lleva decayendo desde hace años.

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