Suspira el querubín por esos que buscan tronos y dominaciones en la sombra, que se agarran fuerte al Palermo y sueñan con que se convierta en vara dorada. Con ser nazarenos no les vale y sienten la agonía del cargo que anhelan y andan buscando acólitos para dar el salto al puesto vacante, que también tiene martillos sin dueño.
Susurra el querubín por los ensotanados que celebran encuentros sotánicos y, entre sotana y sotana, uno de ellos juega a ser párroco, a ser consiliario y a ser hermano mayor en la sombra. Es ambidiestro como Figo, juega por la derecha, la izquierda y a veces dispara por el centro, pero ni centra ni remata bien porque ninguno de sus pases se ha convertido en convocatoria de elecciones.
Suspira el ángel por esos periodistas de la New Age, que afirman en redes la línea por la que van los tiros y aseguran cambios de bandas que, cuando llega la hora de la verdad, no se producen y callan y hablan de lo bonito que sería ver a tal cofradía en una iglesia en lugar de en su capilla. Pues que se lo proponga al ensotanado del párrafo anterior, que verá qué risas se iba a echar el querubín.





