A paso mudá, Opinión

El último abrazo

Hoy es lunes de Pascua. El Señor ya ha resucitado por todos nosotros, para la vida eterna, para el sentido de la historia de amor más grande que la humanidad ha vivido. 

Tras todo el parón que hemos tenido, un largo paréntesis, volvimos a abrazar. El abrazo es una de las muestras de amor, cariño y aprecio que el ser humano puede dar a los demás sin que cueste nada. Y de eso, los cofrades sabemos mucho. ¿Hace cuanto que no abrazábamos sin temor a nada? 

En esta Semana Santa hemos vivido muchos momentos irrepetibles, dignos de poder recordarlos por el resto de nuestros días. Chicotás eternas, levantás especiales, marchas dedicadas a personas y homenajes que marcarán esta Semana. También, y como en todo ámbito donde hay muchas personas, se han vivido momentos innecesarios, cuestionando en vivo y en directo la calidad de algunos colectivos que… bueno no voy a entrar en eso. Además, hemos visto sonreír a niños y mayores que buscaban al Señor y a la Virgen en su máxima manifestación pública como son las procesiones; hemos visto llorar a hermanos que han vivido como su cofradía se quedaba en casa por la lluvia; hemos visto incluso cofradías que se quedaron sin costaleros en mitad de la Estación de Penitencia. 

¿Pero sabéis qué ha ocurrido entre todos estos actos extraordinarios post pandemia? Ha ocurrido que los cofrades seguimos abrazándonos, que nuestro amor hacia los demás no cambia en la Semana más bonita del año y que sabemos valorar a los demás el trabajo hecho en los días grandes. El abrazo del cofrade no se irá nunca, y siempre tendremos en nuestra memoria el último abrazo que recibimos, ya que fue una muestra de afecto que nos dieron.