Cruz de guía, Opinión

El último aliento, la última nota…

Está siendo una semana muy triste para la música cofrade malagueña. Tras el mazazo que nos propinó la noticia del cese de la actividad musical por parte de una de las formaciones de referencia de la provincia costasoleña, la B.C.T. Cristo del Mar de Vélez Málaga, hoy ha remitido el mismo comunicado la Banda de la Victoria de la capital malagueña. Y es que la pandemia no solo se ha llevado, tristemente, las vidas de aquellos que guerrearon en el ajetreado mundo de las cofradías, sino también ha golpeado a su banda sonora, aquella que se dejó el aliento y las notas en cada chicotá y en cada marcha.

Las formaciones musicales han padecido, en estos dos últimos años, un eterno letargo que las ha llevado, en algunos casos, al desmembramiento, al ostracismo y a la arritmia musical. Aquellas que ya padecían esta enfermedad de falta de recursos humanos acabaron por claudicar en medio de la tormenta. Es por ello que, hasta ahora, las bandas que habían desaparecido conformaban una conjunción de reciente creación o, en su defecto, aletargada por el paso del tiempo, la falta de calidad musical o por una mala gestión. Casos como los de la Agrupación Musical de Nuestro Padre Jesús de la Columna de Linares o la antigua Agrupación Musical de María Auxiliadora, ya transformada a sección de cornetas y tambores, son algunos ejemplos de los altibajos que han dado a lo largo de su historia las distintas formaciones de este calibre. Pero cuando en realidad nos damos cuenta del peligro que nos acecha, si la imposibilidad de celebrar una Semana Santa plena el próximo año se hace latente, ha sido el lance que ha protagonizado la formación veleña.

Es un hecho. Lo de la banda ha sido fiasco, una evidencia más de que ningún ente cofrade está a salvo de esta epidemia y de la necesidad de celebrar ya una Semana de Pasión como Dios manda. La formación musical que durante tantos años ha dirigido Carlos Aragüez ha sido durante algunos años el referente de la música cofrade malagueño en el resto de España, prueba de ello fueron sus participaciones detrás de pasos de Misterio como el del Buen Suceso de Córdoba o el de la Hermandad de la Palma de Cádiz. Del mismo modo, en mi recuerdo quedará aquella primera salida de Jesús Redentor del Mundo por las calles de Málaga como símbolo del renombre que llegó a alcanzar la citada formación en el mundo cofrade.

En los tiempos actuales y lejos de aquel ascenso que en su día protagonizó la formación, tuve la oportunidad de disfrutar de sus sones poco antes del terrible confinamiento, concretamente en el certamen que organizaba la Hermandad de la Santa Cena de Jaén donde desveló una de sus últimas marchas propias y que a la postre no llegaría a sonar tras el barco de Jesús Salvador en el Domingo de Ramos jiennense.

Aquella formación que nos emocionó con marchas tales como «Getsele» o «Redentor» hoy es el mero recuerdo de las notas que retumbaron en las calles y plazas de nuestras ciudades y pueblos, preso de la pesadilla que ajustició a tantas otras y que de seguro volverán a renacer con más fuerza.

¡Qué vuelva a sonar Cristo del Mar!