Estas líneas vengo a hacerlas hoy, hoy, es Domingo de Ramos.
Hoy llora la Mezquita-Catedral, como tantas mujeres cordobesas, y tantos hombre también de Córdoba, hoy sus lágrimas recorren lentamente desde la Puerta del Perdón, y se resbalan despacio por la calle Cardenal González, y en llegando a la Cruz del Rastro, se tiran al río, en un gesto de desesperación, que solo iguala a la desesperación de todos los que en casa nos vemos obligados a permanecer por esta indomable pandemia.
Hoy, no sale la Virgen de la Palma, hoy también se queda en casa, y no veremos en las calles la Entrada Triunfal, pero lo malo es que también se quedan encerradas en las casas las ilusiones de nuestros hijos, de nuestros nietos y de todos los cofrades de esta ciudad.
Los pasos, que son solo la instantánea de un momento evangélico, la representación de una advocación, se quedan en casa, pero sin dolor, el dolor es una cosa de humanos, y los humanos son los que estamos pagando con nuestro sufrimiento, este cáliz que el Padre ha decidido que no apartará de nuestro vida, y será según su voluntad, ésta es nuestra pasión en esta nuestra Semana Santa.
Hoy se queda todo parado, no piden cera los críos, no hay estreno de ropa, ni olor a incienso, ni suena la corneta, ni se golpea el tambor, hoy esa perfecta mezcla de color, de movimientos, de sonidos, de olores, y liturgia en la calle, ese baño de sensaciones, impacto sublime de todos nuestros sentidos, que son nuestras estaciones de penitencia, esa peculiar catequesis, hoy, nos faltará a todos.
Y para este cercano momento, al que llevo mentalizándome desde hace semanas, no pensaba yo, que el sufrimiento fuera tan grande, creo que, se me escapa una de las últimas Semanas Santa de mi vida, o porque me falta algo sencillo, las alocadas carreras para rellenar una insaciable curiosidad por ver cada instante, siempre igual y nunca repetido de cada una de mis queridas hermandades en cada uno de sus singulares rincones de mis calles de Córdoba.
Se han quedado las túnicas lavadas colgadas en el interior de un armario, que es el peor lugar donde en estas fechas puede estar una túnica, al día de hoy, echo de menos verlas colgadas de las lámparas de casa, de alguna puerta, y ver como mi esposa, día a día, prepara cada una de ellas, como quedan planchadas hasta la perfección absoluta, blancas como la conciencia de un angelito, preparadas para esta Semana Santa que hoy debería de arrancar, y que no va a arrancar, y es esta la causa de mi dolor. ¿No te duele?
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