En nuestra era reciente, la Semana Santa es una de las fiestas con más cultura y esplendor de la historia viva del presente, pero, ¿desde cuándo es tan destacada esta festividad religiosa en la ciudad de Málaga?
De forma procesional, se tiene constancia de salidas penitenciales de imágenes religiosas ya en los siglos XVII y XVIII, donde los tronos estaban compuestos por una peana de carreta y no tenían patas, y los portadores se denominaban con el término de “correonistas”, ya que utilizaban correas que se incorporaban en el pecho en forma de bandolera y que se deslizaban por los varales, transportando las imágenes de esta manera peculiar, una técnica que desapareció con el paso de los años.

Es realmente en el siglo XX cuando se produce una evolución y desarrollo dejando paso a lo que se conoce como “la Semana Santa moderna”. Concretamente en los años 20 comienza a surgir un nuevo sentimiento hacia esta propia festividad religiosa y que sigue perdurando en la actualidad.
En apenas tres años, entre 1921 y 1923, se asentaron las bases para la celebración que conocemos hoy como “Semana Santa”; produciéndose un grandioso esplendor y de renovación en el intervalo previo a la Segunda República. Las procesiones de estas primeras décadas del siglo XX no eran tan diferentes a las actuales. Estos desfiles eran bastante vistosos y lleno de fieles que tenían una estética malagueña propia estando al frente de las cofradías empresarios y burgueses que añadieron a su gusto una gran representación de lujo y espectacularidad reflejados en el gran tamaño de los tronos, dejando atrás definitivamente a las horquillas, además de un impulso económico con la adquisición de túnicas de terciopelo y de ricos bordados o enseres que lucían metales preciosos.
Aunque las posturas incitan al debate, no cabe duda de que tal fervor y evolución en su máximo esplendor desarrollado en este festejo es indiscutible tanto lo fue que, en la Semana Santa de 1929, concretamente el 28 de marzo, una avioneta sobrevolaba a baja altura por la principal arteria de la ciudad, la calle Larios, ante miles de personas expectantes en presencia del paso de las procesiones. Lo más sorprendente es que este avión estaba ahí para realizar una “petalada”, es decir, arrojar pétalos, entre esta vía y la Plaza de la Constitución, haciendo visible la espectacular vivencia ante el hecho ocurrido con el fin de sorprender en todos los sentidos al ciudadano, tanto local como visitante, todo ello impulsado por Enrique Navarro Torres, Hermano Mayor de la Expiración en aquella época.
Hace 100 años la evolución fue inmensa y gracias a ello, a día de hoy nuestras cofradías y hermandades mantienen la tradición que hace un siglo muchos de los pioneros cofrades con toda su valentía pusieron su esfuerzo por lograr el grandioso hito en una época tan difícil y de tanta inestabilidad.





