Dios habla por medio de su Palabra encarnada. Jesucristo es la luz que ilumina en medio de la tiniebla. Pero el drama está servido: tampoco hoy la Palabra es escuchada y la humanidad prefiere muchas veces más la tiniebla que la luz. Estamos llamados por ello los creyentes a ser voz que haga resonar en los oídos y en los corazones al que es la Palabra. Estamos llamados a ser luz, que haga descubrir a la humanidad al que es la Luz verdadera.
Nos lo recuerda el misterio de la Navidad que estamos celebrando. Es nuestra hora, la hora de la Iglesia, Comunidad Cristiana, que edifica el Reino de Dios a impulsos del Espíritu. Por ello, en un día tan significativo, llega un nuevo Evangelium Solis a Gente de Paz.

Lectura del santo evangelio según san Juan.
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor.
Jesús es Dios infinito y se ha hecho hombre para que nosotros podamos tener una relación personal con Él, y que nos conoce hasta lo más profundo. Pero también quiere que nosotros le conozcamos a Él. Jesús se ha hecho hombre porque quiere ser amigo nuestro. No viene para establecer una relación superficial, sino para establecer un profundo vínculo de amistad.
La Navidad, en la que Dios se nos presenta tan accesible desde el pesebre, es una buena oportunidad para iniciar un trato profundo con el Señor. Igual que fue creciendo en su vida en Nazaret también va a desarrollarse nuestra amistad con Él. Quienes iban a escuchar a Juan al desierto querían que su vida cambiara y él les indicaba que eso sólo podía hacerlo Jesucristo. Nosotros lo tenemos cerca.
Conocer a Jesucristo significa conocernos a nosotros mismos en el designio del Amor eterno de Dios; de ese amor que le ha llevado a hacerse hombre por nosotros y por nuestra salvación. Que la Virgen María, la que mejor conoció a Jesús, nos ayude en este nuevo año a crecer en nuestro amor al Señor.





