He estado revisando las tarifas anuales de los abonos de sillas y palcos para nuestra Semana Santa, y hay ciertos aspectos que observo con asombro. Al menos a mí me resultan llamativos, especialmente las diferencias de precio entre una silla individual y varias sillas en un palco, o incluso según su ubicación. Veamos.
Una silla solitaria cuesta 100 € para toda la semana. En cambio, un palco con seis sillas tiene un precio de 480 €, lo que supone un coste de 80 € por persona, salvo si se encuentra en el Patio de los Naranjos, donde asciende a 540 €, es decir, 90 € por persona. Podría pensarse que esta diferencia se debe a que, al adquirir un mayor número de localidades, el precio resulta más beneficioso para el comprador.
Sin embargo, no ocurre así en todos los casos. Existen también palcos de cuatro plazas por 320 €, lo que deja igualmente un coste de 80 € por persona, el mismo que en los palcos de seis. Por tanto, no parece que el precio dependa únicamente de la cantidad adquirida.
Al final, lo que resulta evidente es que quienes han salido claramente perjudicados son los usuarios de las sillas. Creo recordar que el año pasado el abono costaba unos 85 € por silla, lo que implica que en un solo año la subida ha sido del 17,65 %. Permítanme pensar que esto es una auténtica barbaridad. Sé que hay quienes consideran que en la Semana Santa participan únicamente los más pudientes, algo totalmente falso, pero con decisiones como esta se refuerza la idea de que las sillas y los palcos están reservados solo para las “élites” de la sociedad. Y lo cierto es que, si se siguen aplicando subidas cercanas al 18 % anual, en menos de una década lo habrán conseguido.
Al menos, en esta ocasión la Agrupación ha tenido en cuenta la posibilidad de flexibilizar las formas de pago: pago único online, domiciliación bancaria en tres cuotas o pago presencial en la sede de Isaac Peral, con horarios tanto de mañana como de tarde. En ese sentido, es una medida acertada.
Otro asunto pendiente es el emplazamiento de los distintos tipos de palcos y sillas. La experiencia vivida durante el ensayo de la nueva carrera oficial, con motivo del Vía Crucis Magno, dejó claro que no todas las sillas permitían ver la totalidad de los pasos, pese a que los precios variaban según la ubicación y el número de pasos que transitaban por delante. Espero que en esta ocasión no ocurra lo mismo. Lo expreso así porque aún no he podido ver los planos definitivos de la ubicación de palcos y sillas; cuando los conozca, podré formarme una opinión más fundada sobre las causas de estas diferencias de precios.
Lo que nunca llegaré a entender es por qué lo más penalizado sigue siendo la sencilla silla individual, ya sea para personas solas o para familias que no alcanzan las cuatro plazas o superan las seis, ya que siempre terminan pagando entre 10 y 20 € más por día.
Por todo ello, no comprendo este castigo a la silla, y menos aun cuando, en algunas ocasiones, el número de sillas supera con creces la capacidad de los palcos. Pero, en fin, doctores tiene la Agrupación de Cofradías





