El viejo costal | Córdoba, eterna Córdoba

Nos ha dejado el Vía Crucis Magno un regusto en la boca, dulce y otras veces entre novedoso y, en algunos casos, agrio. Sabores de nuestra tierra, sabores desconocidos, al menos que yo recuerde en mi memoria. Nos ha dejado grabadas en la retina imágenes únicas y exclusivas, momentos irrepetibles. Cosas de nuestra Córdoba, esta eterna ciudad de Córdoba.

Ese cara a cara entre la Virgen de la Esperanza y la Virgen de la Paz, en la misma puerta de Capitulares, quedó grabado e inmortalizado en mi memoria. Unido a la certeza de que quizás nunca más ocurrirá, fue un momento exclusivo captado por las cámaras. Vamos, lo que se llama una estampa para la historia: una caricia entre madres que Córdoba nunca olvidará.

Ese Resucitado de noche por nuestra Córdoba, otra imagen que quizás tampoco se repita nunca, o al menos en mucho tiempo. Yo he visto cosas en mi vida, pero lo del Resucitado de noche… eso fue gloria bendita. Volvió a pasar por San Zoilo, y cientos de ojos abiertos como lunas lo contemplaban, mientras el Señor parecía decir: “Aquí estoy, como cada año, pero esta vez… de noche, para que me sientas más cerca”. La oscuridad de la noche es aliada de esa intimidad que obliga a hablar y orar susurrando al que todo lo puede. A este Señor, que es la primera vez que lo veo caminar de noche, y esta noche se ha quedado a vivir en mi alma.

Seiscientos aniversarios del primer Vía Crucis en Occidente, obra del Beato Álvaro de Córdoba. Eterna Córdoba, que estás ahí desde siempre, viviendo en nuestros corazones. Menuda forma de adentrarte más y más en nuestras almas, dándonos la exclusividad de estos momentos irrepetibles. Menuda oportunidad la que ha generado la coincidencia de varias imágenes cordobesas pasando al mismo tiempo por el Patio de los Naranjos de nuestra Mezquita-Catedral. Las cifras son las que son, pero a mí no me importan. No me importan cuántas personas han participado en los cortejos, ni la ocupación hotelera, ni los resultados de la hostelería, ni siquiera la actividad en redes sociales.

Lo verdaderamente importante es que todo pasó como si fuese un suspiro. Y este suspiro es de los que se quedan a vivir encerrados en nuestras almas, en nuestros corazones. Ha dejado a la eterna Córdoba vestida de fe, envuelta en incienso. Y ahora que todo vuelve a su rutina, ahora que todos los pasos descansan, ya con los cirios apagados, solo nos queda el recuerdo. Ese recuerdo que nunca se borra. No me hacen falta vídeos ni fotos: mi eterna Córdoba inunda y se queda en el corazón de los que la vivimos.

Córdoba, eterna Córdoba, más que una ciudad, eres la eterna que se vive y se ama.