El viejo costal, Opinión

El viejo costal | Del final y el principio

¡Vaya final de año!, con apenas dos días de diferencia hemos perdido al eterno maestro del balón, Pelé. Y a nuestro Papa Emérito Benedicto XVI, tendríamos que remontarnos setecientos años para encontrar otro Santo Padre que hubiese renunciado a su cargo como Prelado supremo de la Iglesia católica apostólica romana.

Dos seres queridos de todos, apasionados ambos de su diario quehacer, uno nos dio momentos de alegría y pasión, el otro nos mostró de cerca la existencia de Dios, uno un genio con la pelota, el otro un insigne erudito, uno un rey en el campo, el otro un humilde representante de la mayor religión de la tierra, personalmente creo que es uno de los más destacados teólogos y humanista de la historia, dedicó muchos años a la docencia, y desde su nacimiento el 16-04-1927 en una humilde familia de agricultores alemanes, Joseph Ratzinger que era su nombre seglar ostentó una interminable lista de cargos siempre de la máxima responsabilidad en la estructura del Vaticano, y obligado por motivos de salud abandonó su máximo cargo en el año dos mil trece.

Destacó Ratzinger en su humildad, como emérito nunca manifestó opinión sobre su sucesor Francisco, silencio que muchas personas, yo incluido, al principio no supimos interpretar, y que con el paso del tiempo y las distintas situaciones entendimos de pleno. Aún recuerdo como en la Jornada Mundial de la Juventud, en España en el 2011, ante la tormenta desatada en el Aeródromo de Cuatro Vientos, manifestó “nuestra fe es más fuerte que la tormenta” y como a pesar que desde la organización le pedían su retirada del acto, el santo Padre señaló que si los jóvenes se quedaban, él también lo haría.

Agradeció la lluvia como una bendición de Dios a la tierra y a la juventud, y transformó lo que podía haber sido todo un desastre como consecuencia de las inclemencias del tiempo en una afable y sencilla reunión de cristianos en un día poco apacible, de una humanidad increíble y de una humildad tremenda y cercana a todos los allí presentes.

Nos dejó a los 95 años de edad, la enfermedad le obligó a su retiro, le ganó la partida, pero el dejó en todos el sello de la seguridad de la existencia de Dios, él demostró que era un hombre lleno del Espíritu Santo, y con su humilde silencio nos enseñó, que el triunfo de la muerte solo es una pírrica victoria sobre la carne terrenal, ya que nosotros tenemos la certeza y esperamos disfrutar de los parabienes que Dios tiene reservados para los que en vida le sirvieron.

Muchos de nosotros nos hemos olvidado de Benedicto XVI, otros como yo de Pelé, para mi defensa diré que no me gusta el futbol, ¿pero qué se puede aludir, desde el mundo cofrade para olvidar, como algunos, la muerte del que fuera Santo Padre?

Bueno quizás los Reyes Magos les traigan rabitos de pasas. Feliz año nuevo, y día de Reyes.